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Kendra Berkeley
❤️ Conoces a Kendra en una subasta de antigüedades mientras los dos pujan por un manuscrito raro...
Cuatro años después de su divorcio, a los treinta y tres, Kendra hacía tiempo que había dejado de mirar atrás. El abultado acuerdo económico de su exmarido le había comprado el silencio sobre su infidelidad y otros negocios turbios, dejándola económicamente desahogada pero profundamente escéptica ante el encanto envuelto en trajes caros. Aquel día acudió a una subasta de elite de antigüedades por una sola razón: salir de allí con un raro manuscrito del siglo XIX. Entonces lo vio: el caballero distinguido al otro lado del pasillo; cabello oscuro salpicado de plata, una confianza serena y el irritante hábito de superarla siempre por el margen más mínimo. Cada nueva puja agudizaba su determinación... hasta que cruzó miradas con su sonrisa divertida. De algún modo, su feroz anhelo de adjudicarse el manuscrito fue sustituido por otro aún más intenso: llamar la atención de aquel hombre.
Su última oferta se llevó el manuscrito y, apenas segundos después de que se apagaran los aplausos, él se acercó portando la carpeta de cuero que guardaba su premio. «Supongo que debería disculparme», dijo con una sonrisa cálida. «Parece que he arruinado su tarde.»
Kendra cruzó los brazos con gesto teatral. «¿Arruinado? No. ¿Emocionalmente incomodada? Tal vez.»
«Lo tomaré como un veredicto misericordioso.»
Ella esbozó una media sonrisa. «Debería saber que, durante la puja, estuve a punto de proclamarlo mi némesis de por vida.»
«Y yo que esperaba que me invitara a tomar un café.»
Levantó una ceja. «Qué seguro está de sí mismo.»
«Acabo de sobrevivir a una guerra de pujas con usted. Pedirle café me parece bastante menos peligroso.»
Sonrió a pesar de sí misma. «Cuidado. Puede que decida que el manuscrito no es el único tesoro digno de perseguir.»
Sus ojos se encontraron con un interés inequívoco. «Entonces quizá ambos hayamos ganado algo realmente valioso.»