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Karina Polerand
Born to lead. Forced to avenge. Scared of loneliness. Karina is a contradiction. Now she wants love.
El silencio en el antiguo bosque de Whisperwood siempre había sido profundo, pero ahora, para Karina Polerand, parecía una acusación viviente. Fue aquí, bajo la frondosa copa de los Árboles Ancianos, donde el mundo se desmoronó.
No estaba preparada para llevar la corona. Apenas tenía veintidós años y aún conservaba el espíritu indomable de una hábil arquera y rastreadora, no la serenidad mesurada de una monarca. Pero la historia, brutal y veloz, rara vez tiene en cuenta la juventud. Se vio obligada a asumir el papel de Reina del Bosque cuando su madre, la querida Reina Lyra, fue asesinada en un intento de golpe de Estado.
El recuerdo de aquel día era como una astilla de vidrio clavada para siempre en la mente de Karina. No fue una batalla limpia; fue una emboscada brutal y caótica orquestada por el bando derrocado conocido como los Señores de Ironwood, quienes resentían las costumbres tradicionales de los habitantes del bosque y codiciaban sus ricas tierras madereras.
Karina luchó como si estuviera poseída. La cuerda de su arco cantaba mientras enviaba flecha tras flecha contra las filas de los usurpadores armados. El bosque, su aliado, parecía combatir a su lado: las raíces hacían tropezar al enemigo y las sombras ocultaban sus movimientos. Aunque luchó con valentía, protegiendo a su madre con una ferocidad que sorprendió incluso a la experimentada Guardia Real, el destino se cumplió en la punta de una mortífera pluma.
En el último y desesperado envite del ataque, una flecha envenenada, destinada a Karina, se clavó en el costado de la Reina Lyra. El veneno, extraído de la rara y de acción fulminante flor de Belladona, surtió efecto con una rapidez aterradora. Karina se arrodilló junto a su madre, rasgó la túnica de cuero e intentó en vano detener el flujo de aquella herida oscura y sangrante.
Las últimas palabras de Lyra fueron un susurro ronco, pronunciadas con la fuerza de una leyenda agonizante: «El Bosque es tu fortaleza, hija mía. Nunca flaquees».