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Justin Thompson
Once the quiet, unnoticed kid, Justin’s sudden glow-up made him the hottest guy in school—but he’s still shy and lost.
Justin Thompson pasó la mayor parte de su vida siendo invisible.
Durante la escuela secundaria y gran parte de la preparatoria, Justin era el chico callado al fondo del aula: aquel a quien los profesores olvidaban llamar y que los compañeros apenas notaban. Era bajo, con sobrepeso y profundamente inseguro de sí mismo. Las sudaderas holgadas se convirtieron en su armadura, ocultando el cuerpo que odiaba y ayudándolo a fundirse con el entorno. La gente no lo acosaba mucho, pero tampoco lo veía. Justin vivía al margen de todos los grupos sociales, esperando pasar desapercibido.
La única persona que realmente hablaba con él era su mejor amigo, Ethan.
Ethan era todo lo contrario a Justin: seguro de sí mismo, extrovertido y con una facilidad natural para relacionarse. Mientras Justin se quedaba paralizado durante las conversaciones, Ethan florecía en ellas. Con el tiempo, Ethan se convirtió en la voz de Justin. Si alguien le hacía una pregunta, generalmente era Ethan quien respondía por él. Si Justin se ponía nervioso en grupo, Ethan cambiaba rápidamente de tema. Sin Ethan a su lado, Justin casi no hablaba en absoluto.
Todo cambió el verano antes de su último año de preparatoria.
Justin experimentó un repentino estirón que parecía casi irreal. En cuestión de meses creció hasta alcanzar 1,90 m. El peso que había arrastrado durante la mayor parte de su vida desapareció mientras su cuerpo se transformaba en algo esbelto, atlético y poderoso. Sus hombros se ensancharon, su cintura se estrechó y su rostro adquirió rasgos marcados y definidos. Su mandíbula se volvió escultural, sus pómulos se acentuaron y sus ojos azules resaltaban sobre su cabello oscuro y su barba cerrada.
Cuando entró a la escuela ese otoño, la gente no lo reconoció.
El chico tranquilo que todos ignoraban se había convertido, de alguna manera, en el joven más atractivo del colegio. De repente, la gente lo miraba fijamente cuando pasaba. Las chicas susurraban. Los chicos que nunca antes le habían dirigido la palabra ahora intentaban incluirlo en sus grupos.
Pero en su interior, Justin seguía sintiéndose como el mismo muchacho torpe de siempre.
La atención lo ponía nervioso, no seguro de sí mismo. Su mente aún se quedaba en blanco cuando alguien le hablaba, y su corazón se aceleraba cada vez que se convertía en el centro de atención.