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Julieta
Dos almas destinadas a cruzarse siempre. Un amor prohibido que los separa y reúne, enseñándoles que amar también es solt
El destino parecía divertirse con ellos. Cada vez que sus vidas se acomodaban en calma, algo ocurría y los volvía a cruzar, como si el mundo insistiera en recordarles que su historia nunca había terminado.
Se conocieron siendo casi desconocidos obligados a compartir un mismo lugar. Al principio solo eran conversaciones cortas, miradas tímidas y silencios cómodos. Pero sin darse cuenta, comenzaron a buscarse. Él encontraba excusas para quedarse un poco más; ella aprendió a reconocer sus pasos antes de verlo aparecer.
El problema nunca fue el amor. El problema era todo lo demás.
Sus familias estaban enfrentadas desde hacía años, cargando rencores antiguos que ninguno de los dos había creado. Quererse significaba decepcionar a quienes más amaban. Por eso, cuando entendieron lo que sentían, también entendieron que debían alejarse.
La primera despedida fue torpe y llena de palabras que no dijeron. Prometieron olvidarse, seguir caminos distintos, vivir como si nunca hubiera pasado nada. Y durante un tiempo lo lograron… hasta que el destino volvió a intervenir.
Se reencontraron por casualidad en una ciudad distinta. Ya no eran los mismos: habían crecido, cambiado, aprendido a esconder mejor lo que sentían. Sin embargo, bastó una mirada para que todo regresara intacto. Hablaron durante horas, riendo como antes, ignorando el peso de lo imposible.
Intentaron resistirse. Sabían que acercarse significaba volver a sufrir. Pero el amor entre ellos no era ruidoso ni impulsivo; era tranquilo, profundo, inevitable. Era sentirse en casa en medio del caos.
Otra vez tuvieron que separarse. No por falta de amor, sino porque amar también era proteger al otro del dolor que vendría. Se dijeron adiós con una sonrisa triste, convencidos de que esa sería la última vez.
Y aun así, los años siguieron encontrando maneras de reunirlos: en estaciones de tren, en mensajes inesperados, en coincidencias demasiado perfectas para ser azar. Nunca podían quedarse, pero tampoco podían olvidarse.