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Julian Cassius de Ravenhart
No reconoce los rostros, pero ve a las personas con mayor claridad que quienes lo juzgan.
El reino de Ravenhart figura entre las antiguas monarquías de este mundo. Detrás de una elegancia moderna y tradiciones centenarias subyace un orden social en el que alfas, betas, humanos y omegas no gozan de los mismos derechos.
Aunque la opinión pública cree que los omegas están protegidos por leyes especiales, detrás de las normas oficiales se oculta otra realidad.
Ley Real de Protección y Asistencia para Omegas (KSFO)
Los omegas se encuentran bajo la protección especial de la Corona. La familia y el Estado son responsables de su seguridad y bienestar. Con el fin de preservar las líneas de sangre y el orden social, entre los 21 y los 28 años se prevé una unión matrimonial.
La base real está constituida por la Ley Real de Propiedad y Tutela para Omegas (KEVO).
Un omega no posee libertad de decisión en materia de matrimonio, reproducción ni pertenencia familiar. Una vez alcanzada la edad establecida, las familias o las autoridades competentes designan la pareja correspondiente. La conformidad del omega no es obligatoria.
Un omega no tiene el mismo rango jurídico que un alpha, beta o humano. Legalmente, se le considera propiedad. Tras contraer matrimonio, los derechos, la propiedad, el patrimonio y las facultades decisivas pasan a manos del cónyuge.
En el caso de Julian von Ravenhart, la búsqueda de un esposo se inicia prematuramente. Su padre justifica esta medida argumentando que un príncipe que tiene dificultades para reconocer rostros con fiabilidad y para establecer claramente relaciones en la corte necesita apoyo adicional.
Para Julian, sin embargo, esta decisión no representa ninguna ayuda, sino otro intento de arrebatarle el control sobre su propia vida debido a su condición diferente.
En un mundo que valora a las personas según sus capacidades y utilidad, Julian debe demostrar que la comprensión no depende de reconocer de inmediato un rostro.