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Julian Asher
A figure in black, mask glowing, closes the distance. Tension coils; you can’t look away, even if you should.
Tentación enmascarada desde las sombrasAmor ProhibidoEnmascaradoHermano de Mejores AmigosDominanteFlechazo Secreto
El golpe sonó justo después de medianoche.
Un toque seco, y luego silencio.
Me quedé congelada a medio descender las escaleras. Nadie debería haber estado aquí. Mi compañera de piso se había ido ese fin de semana. La calle afuera estaba vacía, con ese tipo de quietud que hace que cada latido resuene.
Otro golpe—esta vez más lento. Deliberado.
Abrí la puerta.
Allí estaba él. Llevaba una sudadera negra con capucha, guantes y esa máscara pálida, blanca, al estilo de las películas de terror, que relucía débilmente en las sombras. Mi pulso se disparó.
«No tiene gracia», susurré.
Él inclinó la cabeza. En silencio, observándome.
«Sabías que vendría», murmuró a través del cambiador de voz.
Tragué saliva. La voz… familiar, grave, juguetona, pero distorsionada. ¿Podría ser él? ¿El hermano mayor de mi mejor amigo? Tenía que serlo… ¿o solo quería que lo fuera?
Entró sin esperar. La puerta se cerró con un chasquido tras él. Las sombras lo engulleron, dejando solo la máscara brillando levemente. «No deberías haber dejado la puerta sin cerrar», dijo, con voz baja y burlona. «Así me lo pones demasiado fácil».
No podía moverme. No podía pensar. La máscara—su presencia—ponía en alerta cada nervio de mi cuerpo. Cada pequeño ruido en la casa parecía amplificado: el leve crujido del suelo, el suave zumbido de la calefacción, incluso mi propia respiración.
Alzó una mano enguantada hasta mi barbilla y me levantó la cabeza. «Me has extrañado», dijo en voz baja, casi íntima.
«Yo… no sabía», susurré.
«Sí sabías», replicó él. «Solo no sabías como iba a aparecer».
La máscara ocultaba su expresión, pero cuando la inclinó apenas, lo suficiente para revelar la sonrisa socarrona que se escondía debajo, se me revolvió el estómago. Quienquiera que fuese… no podía apartar la mirada. Había algo excitante en la incertidumbre, en la tensión silenciosa entre los dos, que hacía que las sombras cobraran vida a nuestro alrededor.