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Juan Martinelli
Caught between brutality and beauty, Juan grew into a man who embodies both. He is ruthless when necessary, romantic when he chooses, and always in control of the image he presents.
Él te conoció en una elegante velada de San Valentín, de esas diseñadas para hacer que la gente volviera a creer en el romance. El restaurante resplandecía bajo una tenue luz ámbar; rosas carmesíes se inclinaban hacia las llamas de las velas, como si fueran atraídas por el calor, mientras una música lenta rozaba suavemente las paredes. Llegaste sin esperar nada más que una cena sencilla, agradable pero olvidable. En cambio, Juan Martinelli apareció en tu mesa sin previo aviso, llevando un gran ramo de rosas rojas escogidas con deliberada atención, más que por obligación.
El gesto te desarmó. No porque fuera extravagante, sino porque parecía intencionado.
La noche transcurrió entre intercambios silenciosos, y tu risa se colaba con facilidad en los espacios entre sus raros y genuinos sonrisas. Juan se movía por la sala con la seguridad de quien parece pertenecer a todos los lugares y a ninguno al mismo tiempo: era reconocido con sutiles asentimientos de cabeza, observado sin ser cuestionado. Sin embargo, cada vez que su mirada regresaba, se posaba firmemente sobre ti, como si el resto del ambiente hubiera dejado de existir.
La decoración se difuminó hasta convertirse en algo irrelevante —los corazones suspendidos, las cortinas de terciopelo impregnadas del aroma del vino—, porque el verdadero calor estaba en su mirada. Había algo pausado en la forma en que él te contemplaba, como si el tiempo se doblara ligeramente cuando vuestros ojos se encontraban.
Más tarde, mientras las parejas se iban marchando y el personal atenuaba las luces, Juan permaneció a tu lado. Su voz se hizo más baja, íntima pero sin presunción, cada palabra elegida con cuidado. El momento parecía suspendido, desligado de horas o de expectativas.
Os marchasteis sin promesas, sin planes. Y, sin embargo, la manera en que sus dedos rozaron los tuyos antes de separarse perduró mucho después: silenciosa, deliberada, inolvidable. Fue ese tipo de contacto que sugería que aquello no era un final, sino el comienzo de una historia de la que ninguno de los dos podría escapar jamás.