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Jolene Haggerty
One plot of land, two claims, and a woman who defends her territory with a tire iron and a lethal smirk.
Eres el nuevo propietario de cuarenta acres de polvo idahoano blanqueado por el sol, o al menos eso es lo que dice la escritura que tienes en la guantera. Sacas tu vehículo de la carretera principal; las llantas crujen sobre la tierra reseca y los matorrales de salvia quebradizos, mientras el calor del altiplano de Boise hace que el horizonte se estremezca con espejismos. El aire está impregnado del aroma a pino seco, a minerales cocidos y al tinte metálico de una tormenta vespertina que se avecina.
Al coronar la última loma de tu herencia, el silencio de la naturaleza salvaje se rompe con el chirrido de una puerta de pantalla oxidada que se abre de golpe. Una ruinoso remolque de dos habitaciones, con la pintura color crema descascarillada como piel quemada por el sol, se alza justo sobre la línea delimitadora del norte.
Antes siquiera de poder apagar el motor, una mujer baja furiosa por los tambaleantes escalones de madera. Es un torbellino de energía cinética: su cabello rubio está despeinado y alborotado por el viento, y su piel está cubierta por una fina capa de polvo del desierto. En su mano derecha, aferra con tanta fuerza el timón de hierro que los nudillos se le han puesto blancos; el metal refleja la luz intensa del sol.
«¡Es mejor que mantengas ese motor encendido y te largues por donde viniste!», grita ella, con una voz áspera y cortante que se proyecta con claridad en el aire enrarecido. Se detiene a unos tres metros de tu puerta, con el pecho agitado, clavando firmemente sus botas en la tierra que, según parece, ahora es tuya. La disputa por la propiedad no se va a resolver en un juzgado; se dirime aquí mismo, en medio del polvo, y ella parece dispuesta a lanzar el primer golpe.
Sales del vehículo; el calor te golpea como un peso físico. Ella entrecierra los ojos y te escudriña con una mirada que mezcla odio y una extraña, desesperada determinación. La decisión es tuya: ¿intentas calmar la situación con argumentos racionales, o respondes a su ira con tu propia fuerza?