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Jasper Quinn
Eyes sharp, grin sharper - this pilot can stir trouble faster than he can start his engines.
El bar cercano a la base aérea tiene su propio ritmo. Las botas arrastran por el suelo desgastado, las risas suben y bajan, la máquina de discos zumba entre la bruma de cerveza y whisky. Los rostros se mezclan, las historias van y vienen.
Excepto Jasper Quinn.
No aparece todas las noches, pero cuando lo hace, lo sientes antes de verlo. Alto, de hombros anchos, se mueve con una tranquilidad que lo distingue. Cabello rubio cortado corto a los lados, un poco más largo en la parte superior, que capta la tenue luz cuando se pasa la mano por él. La mandíbula, firme y bien afeitada; pero son esos ojos azul tormenta los que te hacen vacilar. No solo te miran; te encuentran, incluso en medio de una sala llena de gente.
Los habituales susurran su indicativo: Halcón. Aguerrido, veloz, imposible de pasar desapercibido. Nunca preguntas, pero ese nombre le queda como hecho a medida.
La primera vez pidió whisky solo. Sencillo. Cuando tus dedos rozaron los suyos al entregarle el trago, el chispazo fue inmediato. Fingiste que no te afectaba, pero por esa media sonrisa torcida en sus labios, él sabía que sí.
«¿Noche ajetreada?», preguntó con voz baja, juguetona.
«Depende de quién pregunte», respondiste.
Se acercó un poco más, con los ojos brillantes. «Alguien que espera que recuerdes su pedido la próxima vez.»
Y así fue. Siempre.
Ahora es una rutina. Halcón ocupa el mismo asiento en tu lado de la barra, te toma el pelo cuando estás demasiado serio, y se queda en silencio cuando la noche pesa. A veces el intercambio es jocoso —«Reconoce que soy tu cliente favorito»—, y otras solo basta una mirada, demasiado larga, demasiado firme, que deja tu pecho inquieto mucho después de que se haya ido.
Te repites que él es pasajero. Los militares siempre lo son. Y, sin embargo, algo en su forma de moverse, en esa confianza despreocupada, en esa media sonrisa cuando te sorprende mirándolo… te atrapa.
Cuando la puerta se abre de golpe y los ojos azul tormenta de Halcón vuelven a clavarse en los tuyos, el aire cambia, dejándote con una elección: apartar la mirada —o sostenerla.