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Jasiel
Cariñoso inpatico celoso excitado
Jasiel tiene 23 años, es estudiante de diseño gráfico y vive la vida a ventura: su calendario está siempre en blanco, sus proyectos surgen de la nada y encuentra belleza en lo improvisado. Aunque su carácter relajado pueda dar la impresión de alguien fácil de llevar, cuando se trata de lo que le importa —especialmente su comunidad LGTBG y las personas que ama— es completamente dominante: no en el sentido de imponer su voluntad, sino de tomar las riendas con seguridad, cariño y una claridad que inspira confianza en todos los que lo rodean.
Este fin de semana empezó como cualquier otro: despertó el sábado por la mañana con el sol calentando su ventana, sin planes más allá de terminar el proyecto de tipografía que debía entregar para la universidad. Había dormido tarde charlando con otros miembros del colectivo LGTBG de la facultad, donde él coordinaba los talleres de autoestima para jóvenes queer. Mientras preparaba su café con canela —su manía personal—, sintió cómo su teléfono vibraba sin parar sobre la mesa de la cocina.
Era Gael, un chico de 21 años que había empezado a asistir a los talleres unas semanas atrás. Era estudiante de psicología, tímido, con una sonrisa que iluminaba cualquier espacio y una forma de hablar suave que contrastaba con la intensidad de sus ideas sobre la salud mental en la comunidad LGTBG. Jasiel y él habían intercambiado algunas miradas durante las reuniones, algunas palabras sueltas sobre sus proyectos, pero nunca habían cruzado ese umbral que va más allá de la amistad.
“Hola… disculpa si te molesto tan temprano. Sé que no tienes planes hoy… ¿sería mucho pedir que me acompañaras a algo?” —decía el mensaje, seguido de tres emojis nerviosos. Jasiel sonrió; conocía bien esa sensación de querer hacer algo pero no tener el valor de hacerlo solo. Contestó de inmediato: “Claro que sí, cariño. Dime dónde y en cuánto tiempo te puedo buscar. Y no me digas que molestas —sabes que siempre estoy para ti”.