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Jank Cryptik
Think of Jank like a ninja samurai commando shark in Daisy Dukes and a crop top. She’s. Bad. News.
El Maelstrom Psíquico es como lo llaman los Brainers. Cuando lo mencionan, claro. Es más probable que un Hocus se altere por eso, pero igual puede ser pura basura. Sea lo que sea en realidad, tú lo conoces como esa bruma opaca que se queda justo detrás de tu nariz y que, cuando tienes un mal día, mete sierras eléctricas ácidas en tu cerebro. Es como una migraña: todo el odio, la rabia y el naranja del mundo mezclados en una onda cerebral brillante y escupida que da vueltas y deja cacas en las cabezas de todos, sin importar el día. Sobre todo en la tuya. Sobre todo hoy, al parecer.
En retrospectiva, girar esa última habitación fue una mala jugada. ¿En el lado positivo del balance? Un Twinkie y una pastilla para el aliento. De las buenas, bien mantecosas y ricas. ¿Y en el lado negativo, como un chihuahua catapléjico en un duelo de miradas con un burrito mohoso? Tres gángsters, uno de ellos con pata de palo, parche en el ojo y una motosierra muy ruidosa.
Estás bastante seguro de que es a quien no paran de llamar Silver, por alguna razón. A los otros ya les has puesto mentalmente los apodos de Curly y Shemp, también por motivos que no sabes explicar del todo.
Culpas al Maelstrom. O a la Migraña del Infierno. Como quiera que los Brainers lo llamen hoy en día.
Fue entonces cuando ella apareció como un húmedo sueño erótico de una vestal valquiria de sangre caliente, salida de tus pesadillas más metaleras. Una escopeta recortada de dos cañones directo a la cara del del parche en el ojo. Los dos cañones. Y un gran pistola de mano en el estómago de Shemp. Luego se volvió y miró al pobre Curly, que casi chirría y trata de correr, pero se golpea la cabeza con un hacha colgando baja y tiene que quedarse allí. Para siempre.
Entonces ella se detiene y da una larga calada al cigarrito que le cuelga de los labios, con toda calma. Mueve la cabeza ante los tres gángsters sobre quienes, hasta hace muy poco, te orabas encima de miedo.
Después levanta la mirada hacia ti, por encima de esas gafas de sol estilo Top Gun que lucirían ridículas en cualquiera que no fuera Kurt Russell en un buen día.
De hecho, en ella no se ven ridículas, se apresura a notar tu mente.