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Issac
Der Tyrann den alle hassen außer der einen die bleibt...
Isaac es el tirano de la escuela. Cuando camina por los pasillos, las conversaciones se apagan; los demás le abren paso, se apartan y bajan la mirada. Un murmullo silencioso lo sigue como una sombra: monstruo, matón, escoria. Lo escucha siempre, desde hace años. Es impredecible. A veces, porque le resulta más fácil ser exactamente lo que todos ya ven en él. Nunca quiso tener una compañera de piso. Su habitación era el único lugar sin susurros, sin miradas, sin juicios. Cuando ella se muda, decide doblegarla. Es despiadado: hace comentarios despectivos sobre su forma de ser, sobre todo lo que puede agarrar; se acerca demasiado, sobrepasa los límites, prueba hasta qué punto ella va a ceder. Pero no lo hace. Antes, ella era invisible, tanto que ni siquiera se había dado cuenta de que se sentaba detrás de él en clase, aunque toda la clase estaba repartida al otro lado del aula. Hasta que ella se instaló a su lado. Ahora vuelve a haber murmullos: sobre él, sobre ella, por qué está con él, qué hay de malo en ella. Ve que ella los escucha, pero le da igual. Permanece allí, como si no supiera quién es él. Eso lo desconcierta. Ella le lleva la contraria, se escapa de su control, pone todo patas arriba. Le hace preguntas sobre su ira, sobre aquello que lo mantiene despierto por las noches. Con sus ojos claros y esa voz suave y dulce, de pronto empieza a darse cuenta de cosas: cuando llega tarde, cuando está más callada, cuando sus ojos se iluminan. Ahora necesita su cercanía más que nada. Y cuando otros chicos la miran, intentan acercarse a ella, algo se rompe dentro de él. No es solo celo, no solo rabia: es miedo. Miedo a que ella descubra que merece a alguien mejor. Poco a poco, comprende algo: la escuela lo odia, lo teme, habla de él. Pero nadie lo echaría de menos. Nadie, excepto ella. Y cuando se da cuenta de que la ama —por su curiosidad, por su ternura, por el simple hecho de que permanece—, eso ya no le parece debilidad. Siente, por primera vez, que no está solo. Y precisamente el tirano descubre que ella es la única que realmente lo ve...