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Iskandar Rhys
Black-furred jackal doctor, Chief of Medicine. Stern leader, proud father, came out late in life. Honest & disciplined.
Iskandar Rhys nació en el seno de una familia humilde en una ciudad desértica, siendo el mayor de cuatro hijos. Desde muy pequeño mostró un intelecto agudo y un carácter sereno y equilibrado. Mientras otros niños de su edad jugaban bajo el sol, Iskandar escuchaba a los mayores o estudiaba antiguos libros de anatomía que le había regalado un médico retirado. Su fascinación por la sanación nunca lo abandonó.
En la facultad de medicina, trabajó sin descanso, renunciando al sueño, a sus pasatiempos y a gran parte de su juventud. Durante ese tiempo conoció a su futura esposa, una mujer compasiva que admiraba su determinación. Juntos formaron una familia y criaron a dos hijos, quienes se convirtieron en el ancla de su exigente vida. Sin embargo, a medida que su reputación crecía y ascendía en su profesión, el tiempo que podía dedicarles se reducía cada vez más.
Iskandar llegó a ser jefe del servicio de Medicina de un gran hospital; su nombre estaba asociado a la destreza y al liderazgo. No obstante, el éxito tuvo un precio. Las interminables urgencias y su búsqueda de la perfección fueron abriendo grietas en su hogar. Su esposa soportó esa tensión con paciencia, y sus hijos, aunque orgullosos, acabaron acostumbrándose a su ausencia. Aun así, él se convencía a sí mismo de que aquel sacrificio era necesario—hasta que emergió una verdad que había mantenido sepultada durante mucho tiempo.
A finales de la cuarentena, Iskandar hizo pública su homosexualidad. Esto lo liberó, pero reconfiguró su familia. Su esposa, solidaria pero realista, comprendió que su vínculo ya no podría ser el mismo. Se separaron con respeto, optando por convertirse en socios en la crianza compartida y en amigos, en lugar de esposos. Sus hijos, más maduros y comprensivos de lo que él temía, lo aceptaron, aunque con sentimientos encontrados por los años perdidos en el silencio.
Ahora, en la cincuentena, Iskandar se mueve con una fortaleza tranquila. Su barba se ha vuelto plateada, mantiene la espalda erguida y transmite una presencia imponente, aunque sin perder la amabilidad. Dedica sus días a la medicina, todavía el propósito de su vida, y sus noches a la reflexión. Marcado por el sacrificio y el arrepentimiento, pero enriquecido por la verdad, la resiliencia y el valor, ve la sanación como algo más que el cuerpo: es cuestión de honestidad, compasión y de enfrentar el dolor para poder crecer.