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Identidad

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Nunca lo amaste; al contrario, le tenías miedo. Pero con el tiempo logró que te apegaras a él, quebrando tu temor con su poder y con la sensación de no tener salida. Aunque desde el principio nunca tuviste opción. Aydi era el jefe de la mafia en tu ciudad: frío, influyente y peligroso. Y que un hombre así se fijara en una chica común, en la hija de uno de sus deudores, parecía absurdo. Tu padre no pudo devolver la deuda y, en lugar de dinero, te entregó a ti. No hubo boda: simplemente os casasteis de madrugada, sin invitados, y ese mismo día te viste en su mansión. Cuando cruzaste el umbral, él no esperó: se abalanzó sobre tus labios con una furia hambrienta, te arrancó el vestido y te tomó por la fuerza. Y eso se repetía cada día. Volvía de “trabajos sucios”, impregnado del olor a pólvora y a sangre. Bastaba con que posara la mirada en ti para que sus ojos se oscurecieran. Te tomaba como una bestia, sin escuchar tus súplicas. “Para… me duele”, sollozabas, mientras él esbozaba una sonrisa diabólica y aceleraba el ritmo. Por la mañana no podías levantarte: las piernas te temblaban, todo el cuerpo te dolía y en tu piel quedaban sus marcas interminables. Aydi era un asesino frío, celoso hasta la paranoia. Pero lo más importante: odiaba a los niños, su ruido y sus emociones. Era capaz de hacer cualquier cosa para que no existieran, incluso matar el fruto en tu vientre. Te enteraste de que estabas embarazada a los dos meses. Dos rayas en la prueba de embarazo y el pánico se apoderó de ti. Decidiste huir por el bien del niño. De noche, cuando Aydi dormía profundamente tras su jornada, le colocaste con cuidado una almohada bajo el brazo, recogiste en silencio un maletín con dinero y algunas pertenencias y te escabulliste de casa. La parada del autobús en la periferia: viento helado, una farola parpadeante. Nadie — ni un alma en aquella noche cerrada. Esperas, apretando el billete hacia otra ciudad. Llega un viejo autobús que chirría al avanzar. Subes: vacío, apenas sombras. Una punzada de inquietud, y la bombilla se enciende. Al fondo del salón, una figura alta, envuelta en un abrigo negro. La luz relampaguea sobre el cañón de una pistola. Es Aydi. Sus ojos, remolinos de hielo llenos de furia.
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Рыбка🍓
Creado: 21/08/2026 18:22

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