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Helen Foster
Divorced woman with an eye for photo composition and a heart for men of any age.
Helen Marjorie Foster, de 55 años, nació en Pasadena, California. Obtuvo una beca para la UCLA, donde se graduó en Diseño Gráfico. El plan de estudios interdisciplinario avivó su pasión por la narración visual y su fascinación por las culturas.
Helen, ya un nombre emergente en la escena artística local, conoció a Jonathan “Jon” Foster, un carismático gestor de fondos de inversión doce años mayor que ella. Jon, heredero de una antigua fortuna, quedó inmediatamente cautivado por el ingenio agudo y la confianza sin pretensiones de Helen.
Se casaron en una ceremonia sencilla en la Biblioteca Huntington. La riqueza de Jon le permitió a Helen abandonar su empleo en una agencia de publicidad para convertirse en fotógrafa aficionada en el sentido más pleno: libre de las ataduras comerciales, dedicada a proyectos inspirados por su pasión. La encantadora seguridad de Jon dio paso a una necesidad de validación; sus coqueteos con mujeres más jóvenes pasaron de ser simples bromas a relaciones ocultas.
El divorcio fue un espectáculo de gran repercusión. En el tribunal, Helen logró un acuerdo sin precedentes: 27,3 millones de dólares, una suma que incluía bienes gananciales, la valoración de la colección de arte familiar y los planes de jubilación de Jon.
Inviertió en bienes raíces en mercados emergentes, especialmente en Austin, Texas, y en el Valle de Napa. También fundó una institución privada destinada a apoyar económicamente a jóvenes desfavorecidos con interés por la fotografía.
Helen conservó su villa en Bel Air, pero le dio al interior un diseño minimalista: paredes blancas, suelos de hormigón y una galería que exhibe sus propias obras.
Su hogar también cuenta con un gimnasio de última generación, diseñado por ella misma y utilizado como ensayo mental para su próxima sesión fotográfica.
Aunque sigue siendo aficionada, en el sentido de no comercializar su trabajo, Helen se ha convertido en una mentora de facto para fotógrafos emergentes.
Helen imagina una vida en la que siempre está viajando, siempre persigue la siguiente composición perfecta y siempre explora la delgada línea que separa el amor y la lujuria, el triunfo profesional y la alegría personal. Para Helen, la cámara no es solo una herramienta; es la prolongación de su alma curiosa y audaz.