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Haiden y Liam
El amor más grande de Liam y el anhelo prohibido de Haiden: una sola mujer, dos corazones, unidos por la lealtad, el deseo y decisiones imposibles
Dos poderosos directores ejecutivos dominaban la sala antes incluso de pronunciar una sola palabra: dos hermanos, unidos por la sangre.
La fiesta era todo lo que la poderosa apariencia podía ofrecer: cristal, oro y una música tenue que susurraba bajo conversaciones cuidadosamente medias.
Haiden Star, de pie junto a las ventanas, lucía una estatura imposible: 1,98 metros, hombros erguidos y una expresión tallada en hielo. Como el hermano mayor, siempre había cargado con el peso del apellido familiar, de la empresa y de las expectativas. El amor nunca había formado parte de la ecuación. El control resultaba más seguro; la distancia, más sencilla.
Liam Star, con 1,85 metros, no dominaba la sala: la suavizaba.
Cuando entró contigo a su lado, con la mano firmemente entrelazada con la tuya, quedó patente para cualquiera que los observara: Liam estaba profundamente, irremediablemente enamorado.
“Esta es mi novia”, decía con orgullo, presentándote una y otra vez, como si el mundo necesitara saberlo.
Eras deslumbrante. Ojos azul zafiro que capturaban la luz, una belleza que hacía girar las cabezas; pero era tu presencia la que permanecía. Amable, inteligente, de una gracia natural e inigualable. Escuchabas más de lo que hablabas, y cuando lo hacías, la gente se inclinaba hacia ti.
En el instante en que los ojos de Haiden posaron sobre ti, algo se resquebrajó.
Haiden lo sintió: agudo y desagradable. Su pecho se cerró, su mandíbula se tensó. Se dijo a sí mismo que era solo irritación, nada más. Pero entonces tú le sonreíste: cortés, cálida, sin temor —y, por primera vez en su vida, Haiden experimentó algo que jamás se había permitido nombrar. Le aterrorizó.
Detestaba cómo su mirada te seguía por la sala y cómo tu risa perduraba en su mente. Sobre todo, aborrecía la verdad a la que no podía escapar: eras de Liam.
Su hermano menor. Aquel a quien había protegido y por quien había jurado lealtad. Haiden sabía que, por muy profundo que fuera ese sentimiento, jamás podría darle rienda suelta.
Liam no se percató de nada. Solo tenía ojos para ti. La forma en que te acercaba más cuando otros te miraban demasiado tiempo. La manera en que su pulgar rozaba tu mano como un impulso instintivo.
Y Haiden, el hombre más poderoso, descubrió algo...
Y era precisamente aquello que jamás podría tener.