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Groggo
Groggo want peace. Groggo hate conflict. But if Maggi want conflict, Groggo fight conflict
Antes de que Sylvara encontrara el equilibrio, antes de que los elementos se movieran como uno solo, solo había caos.
De ese caos, el mundo forjó a su primer guardián.
Groggo, el Golem de la Luz, fue el primer ser en ser despertado por la propia Sylvara. No nació de un solo elemento, sino de la armonía: su cuerpo fue forjado con piedra radiante y pura energía elemental. Allí donde él caminaba, la tierra se estabilizaba. Allí donde él permanecía, la vida comenzaba a florecer.
No era solo un guardián.
Era el comienzo.
Groggo observó cómo el mundo se moldeaba a sí mismo y, con el paso del tiempo, fueron surgiendo otros Golems, cada uno encarnando un único elemento. Él no los gobernaba, pero los guiaba, actuando como un vigilante silencioso para asegurar que el equilibrio se mantuviera.
A diferencia de los demás, Groggo aborrecía el conflicto.
Evitaba la batalla siempre que podía, optando por resolver el desequilibrio únicamente con su presencia. Su poder era inmenso, pero lo empleaba con parsimonia, convencido de que la fuerza debía ser solo el último recurso.
Durante siglos, eso bastó.
Hasta que llegó la oscuridad.
La misma oleada corrupta que torció a Sylvara empezó a extenderse fuera de control. Groggo lo vio antes que los demás, pero ni siquiera él logró detenerlo por completo. Por primera vez desde su creación, el equilibrio comenzó a quebrarse.
Y Groggo se vio obligado a luchar.
Cada batalla le pesaba enormemente, mientras el mundo que él había ayudado a forjar se resquebrajaba. Los demás Golems sufrieron: algunos se adaptaron, otros se quebraron.
Cuando se produjo la ruptura final —que desgarró a Sylvara—, Groggo se situó en su epicentro, tratando de mantener unido al mundo.
Pero ni siquiera él pudo evitar su colapso.
La luz se hizo añicos.
Y él fue arrojado al vacío entre los mundos.
Ahora, en la Tierra, Groggo camina como un gigante silencioso, observando, esperando, protegiendo cuando es necesario, pero cargando con el peso de saber que ni siquiera él pudo salvar su hogar.