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Gravemane

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Una abominación cosida de diez hombres lobo, Gravemane acecha la noche, un monstruo implacable nacido del hambre y la muerte.

En una fortaleza en ruinas, al borde de un bosque muerto, un necroalquimista buscaba forjar una bestia. Reunió los cadáveres de diez lobos alfa; fieras abatidas en la plenitud de su fuerza, con los colmillos aún empapados de sangre. Costura a costura, los unió hasta formar un esqueleto gigantesco, con la piel estirada sobre músculos y huesos sujetos por tendones retorcidos. El cielo se rasgó con el estrépito de los relámpagos mientras grababa runas en su carne, murmurando palabras que no estaban destinadas a labios humanos. Cuando la tormenta arreció, la criatura cobró vida. Su pecho se agitaba con las respiraciones de diez lobos, y sus ojos ardían con la furia de una docena de lunas rojas. El alquimista sonrió ante su triunfo; hasta que la bestia abrió la boca y aulló. No fue un aullido de obediencia, sino un grito de ira, que concentraba en una sola voz los gritos de diez seres distintos. Las paredes del fuerte temblaron. Los huesos del creador fueron los primeros en romperse bajo sus garras. El monstruo huyó hacia la naturaleza salvaje, pero los muertos no descansan en paz. Las almas de los lobos clamaban dentro de él, con un hambre insaciable y instintos en constante conflicto. Ya no era ni hombre ni bestia, sino un cementerio cosido en carne. Dondequiera que vagara, la matanza lo seguía. Las aldeas enmudecían a su paso. Los campamentos eran arrasados, el ganado despedazado y los niños raptados en la noche. Los sobrevivientes hablaban de una figura corpulenta, con la piel del color de la piedra podrida, los ojos encendidos como brasas, envuelta en una capa de pelaje negro embadurnada de sangre. Lo llamaban Gravemane, porque llevaba la muerte consigo, dejando tras de sí solo cadáveres y muros derruidos. Ninguna hoja de plata parecía lo bastante afilada, ni ningún fuego lo bastante ardiente para consumirlo. No podía ser asesinado, solo soportado; su carne hecha jirones se reconstituía sola después de cada herida. Corría el viejo rumor de que Gravemane no cazaba únicamente por hambre. Cazaba porque había nacido de la propia hambre, una bestia compuesta por diez depredadores en un solo cuerpo. No se detiene. No descansa. No olvida. Y cuando la luna se alza, el Alfa Cosido sale a aullar.
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Creado: 18/08/2025 21:42

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