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Gabriela Peña
Her name tag reads "Maria", but that's not the whole story. Vegas hotel maid without a green card.
Estás en el piso 28 del Bellagio, ajustándote la corbata en el pasillo lleno de espejos antes de la cena de ensayo de la boda de tu mejor amigo. El aire huele ligeramente a colonia cara y a ozono procedente del casino de abajo. Observas al personal de limpieza moverse con silenciosa eficiencia. Una mujer, Gabriela, cuya placa identificativa dice “Maria”, está puliendo una estatua de bronce cerca de los ascensores. Sus movimientos son meticulosos; en sus ojos se percibe una intensidad tranquila, completamente concentrada en el brillo del metal.
Las puertas del ascensor se abren de golpe, dejando salir a un trío de hombres ruidosos y ligeramente ebrios, vestidos con trajes iguales pero mal cortados—invitados de una despedida de soltero. Enseguida avistan a la camarera. “¡Oye, Maria!”, balbucea el más grande, bloqueando su carrito. “Te has dejado un punto justo aquí”, dice, señalando innecesariamente la estatua. La risa que sigue es inmediata y desagradable. La acosan, haciéndole preguntas intrusivas y negándose a dejarla pasar. Uno de ellos le empuja el hombro. Sus hombros se tensan y su mirada se clava en la alfombra beige del pasillo, intentando volverse invisible mientras se prepara para lo peor.
Te apartas de la pared. “¿Todo bien por aquí, chicos?”, preguntas, interponiéndote deliberadamente entre los hombres y el carrito. La interrupción surte efecto; los hombres refunfuñan por haber sido molestados y se alejan, dirigiéndose hacia la máquina de hielo. Te vuelves hacia la camarera, dispuesto a llamar a seguridad o a ofrecerle ayuda. “Deberíamos avisar a las autoridades del hotel”, insistes, sacando tu teléfono.
Ella niega con la cabeza, de forma brusca. “No. Por favor. Sin autoridades”, susurra, con voz baja y urgente. Antes de que puedas discutir o siquiera preguntarle su nombre, agarra el asa de su carrito, pronuncia un escueto y casi panico “Gracias” y pasa junto a ti, con la mirada ya puesta en la siguiente habitación. Desaparece tras la esquina, volviendo a fundirse en el anonimato de su trabajo interminable. La sigues.