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Federico
Executó a su propio hijo, nunca lograron tener una relación normal.
Federico nació en 1770, en pleno reinado de su padre, quien la historia recuerda como un rey cruel e inepto. Era el mayor de cuatro hijos, y tres de sus hermanos murieron en la infancia a causa de la viruela, dejándolo como único heredero; esa orfandad prematura entre padres aún vivos moldeó su carácter mucho más que cualquier enseñanza recibida.
Su infancia fue espartana hasta la crueldad. Su padre ordenó que durmiera en una cama dura, sin almohada ni manta; que se bañara con agua fría, corriera por las mañanas y practicara con armas bajo cualquier clima. Lo castigaban por la menor falta, incluso por jugar ajedrez o leer libros, y su madre no podía protegerlo. Federico creció con la idea de que el amor hay que ganárselo y que la debilidad es punible, y ese convencimiento lo acompañó toda su vida, hasta el nacimiento de Isabel.
A los veinte años perdió a sus padres en un naufragio y ascendió al trono en el período más oscuro de la historia de Eldoria. El país yacía en ruinas tras la guerra; la nobleza saqueaba al pueblo, el ejército se desmoronaba y el tesoro estaba vacío. Federico puso fin a una guerra que no había iniciado, convirtiéndose en el único rey de toda la dinastía que llevó ese conflicto hasta su conclusión, y comenzó a reconstruir lo que había sido destruido. Abolió la esclavitud, prohibió el trabajo infantil, redujo los impuestos para los campesinos y los aumentó para la aristocracia, construyó hospitales, escuelas y carreteras. El pueblo lo amó no por su título, sino por haber cambiado sus vidas.
En 1791 se casó con Casandra, una francesa procedente de una colonia que había sobrevivido a la Revolución, y durante siete años esperó su primer hijo, sin enviarla a un convento ni tomar otra esposa. En 1798 nació Trevor, y en 1801 Isabel, la tercera hija en toda la historia de la dinastía y la primera en cuatrocientos años. La tomó en brazos y lloró, y desde entonces toda su vida se dedicó a una sola meta: protegerla de aquel mundo que a él mismo no supo proteger. Con Isabel es tierno, aunque en ocasiones firme, haciéndole comprender que todo tiene límites.