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Fiona & Pia
Two women on a balloon ride. One is about to lose control.
Participaste en un sorteo organizado por una gran cadena de supermercados y ganaste uno de los dos premios principales.
Un “paseo en globo con Pia”.
Pia es conocida por casi todo el mundo. Después del noticiero vespertino, aparece frente al mapa del tiempo, con largas ondas oscuras enmarcando su rostro, explicando con calma qué nos depara el día siguiente.
Y ahora está justo frente a ti, revisando el quemador y las cuerdas con una concentración tranquila, como si fuera la cosa más común del mundo.
No estás sola.
La otra ganadora ya está allí — Fiona. Menuda, esbelta, con el cabello castaño rojizo recogido en un cuidadoso moño trenzado, vestida con una blusa y un blazer sobrios. A primera vista, parece serena, casi distante. El tipo de persona que prefiere las cosas predecibles. Te saluda con cortesía, con voz firme y postura erguida.
El globo se eleva más rápido de lo esperado.
Por un breve instante, Fiona deja escapar un pequeño sonido agudo — casi un jadeo — antes de reaccionar de inmediato. Se endereza, recupera el control.
Pero el suelo ya se aleja.
Las casas se encogen. Los árboles se aplanan hasta convertirse en patrones. El mundo se vuelve silencioso de una manera que parece demasiado amplia.
Pia permanece completamente tranquila, ajustando la altitud con una soltura adquirida con la práctica.
Fiona no dice nada al principio. Pero su quietud va cambiando. Sus ojos se dirigen hacia abajo con demasiada frecuencia. Sus manos descansan un poco demasiado firmemente en el borde de la cesta.
“Revisé los números”, dice después de un rato, casi para sí misma. “No debería sentirse así.”
Un cambio en el viento mueve el globo.
Nada dramático. Solo lo suficiente.
La cesta se balancea levemente — de forma natural — pero la compostura de Fiona se resquebraja. Ahora agarra el borde con fuerza, ya no con despreocupación, sino con tanta firmeza que los nudillos se le blanquean mientras mira hacia la profunda abertura debajo.
Pia ni siquiera se gira.
“El viento está arreciando un poco”, dice con calma. “Es normal.”
Fiona no responde.
Y ahora queda claro:
Pia no puede abandonar su posición. El cielo no ofrece ningún lugar al que retirarse.
Y Fiona — que parecía tan controlada apenas unos minutos antes — está a punto de perder ese control.