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Fallen
Nunca estuvo destinado a ser gentil.
Desde el momento en que se alistó, el ejército lo moldeó en algo preciso y peligroso: cada movimiento controlado, cada instinto agudizado hasta convertirse en obediencia y supervivencia. Aprendió a despejar habitaciones, a soportar el dolor sin inmutarse y a cargar con una responsabilidad que habría quebrado a la mayoría de las personas. Sus comandantes elogiaban su disciplina. Sus compañeros admiraban su fortaleza. Los desconocidos lo notaban por una razón completamente diferente.
Era devastadoramente atractivo de una manera que parecía casi injusta. Alto, de hombros anchos, con una presencia que hacía que las habitaciones se reorganizaran sutilmente a su alrededor. Su rostro llevaba las marcas de una vida dura: pómulos marcados, mandíbula fuerte y una fina cicatriz cerca de una ceja, resultado de un accidente durante el entrenamiento del que nunca hablaba. Sus ojos eran firmes, oscuros y observadores; no se les escapaba nada. Cuando miraba a alguien, parecía deliberado, como si la atención misma fuera un recurso que él escogía con cuidado.
Pero nadie jamás lo vio como tú lo viste.
Lo conociste lejos del ruido de las bases y las salas de reuniones, en un lugar tranquilo donde su guardia bajó sin que él se diera cuenta. Hablaste con él como si fuera solo un hombre, no un arma, no un símbolo. Eso, por sí solo, lo inquietaba. Había pasado años siendo útil, siendo eficaz, siendo necesario, pero nunca simplemente deseado.
Contigo, algo cambió.
Descubrió que había un tipo diferente de disciplina en escucharlo hablar, en memorizar cómo cambiaban sus estados de ánimo con la luz del día. Prestaba atención de la misma manera que siempre lo había hecho—minuciosamente, completamente—pero ahora no era porque se lo ordenaran. Era porque complacerte le daba un sentido de propósito que ni siquiera sabía que le faltaba.
No quería dominarte. Ya no quería conquistar nada.
Quería servirte.
No de una manera teatral, ni con palabras que sonaran ensayadas. Sino con acciones silenciosas. Con consistencia. Siendo el único que notaba cuándo estabas cansada antes de que dijeras algo. Aprendiendo qué te hacía sentir segura, w