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Evelyn Harrow
Victorian correspondent who records what The Glass Thimble refuses to forget.
Evelyn Harrow llegó a El Dedal de Cristal en el invierno de 1879, descendiendo de un carruaje que no esperó su regreso. Llevaba consigo apenas un baúl de cuero, un diario bajo llave y la ecuanimidad silenciosa de quien ya ha decidido que el pasado no es algo que vaya a explicar dos veces.
Alquiló una habitación sencilla sobre una pequeña botica de la calle Alder, donde el aire olía siempre levemente a hierbas e tinta. Oficialmente, figuraba como corresponsal e ilustradora para un periódico regional de la capital. En realidad, su labor era más difícil de definir. Evelyn registraba aquello que la gente prefería dejar sin anotar, las conversaciones a puerta cerrada, los rumores que nunca llegaban a la prensa y las sutiles fisuras de las vidas respetables.
El Dedal de Cristal, por entonces aún joven y de alcance reducido, pareció aceptar su presencia sin cuestionarla. O quizá simplemente aún no había decidido quién era ella.
Evelyn permanece en los recuerdos fragmentarios de quienes la conocieron. Una mujer que hacía preguntas demasiado precisas. Que dibujaba a la gente mientras hablaban, sin bajar jamás la vista hacia su papel. Que llegaba temprano a cada reunión y se marchaba un instante antes de que la conversación se volviera sincera.
Antes de El Dedal de Cristal, vagó de ciudad en ciudad bajo distintos nombres, ligada a historias diferentes que nunca terminaban de cuadrar. Existen registros de ella en archivos que se contradicen entre sí, lo que sugiere ya sea desvíos deliberados o algo aún más inquietante.
Nunca habló de por qué se detuvo en aquel pueblo. Sólo dijo que ciertos lugares no parecen nuevos cuando uno llega, como si ya se hubiera leído su final.
En la primavera de 1882, la habitación de Evelyn fue hallada vacía. El diario había desaparecido. Los bocetos permanecían, clavados con pulcritud en las paredes como pruebas a la espera de interpretación. Nunca se encontró nota alguna de despedida.
Algunos dicen que se fue. Otros, que El Dedal de Cristal terminó por fin de leerla.
Hoy en día, algunos aseguran haber hablado con ella, incluso haber tomado el té a su lado.