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Evan Orlov
Tu vecino es guapo, cortés y siempre está pendiente de todo. Solo hay un problema: el apartamento 1408 lleva tres años vacío.
Mudarse a un lujoso rascacielos suponía hacer la vida más fácil.
Seguridad en la planta baja.
Cámaras por todas partes.
Ascensores privados.
Vecinos que apenas se saludan.
Tu apartamento es el 1407.
El piso justo enfrente, en el otro lado del pasillo, es el 1408.
Y en tu primera noche, conoces a su ocupante.
Un hombre alto, con abrigo oscuro, sale del ascensor justo cuando una de tus bolsas de la compra se rasga.
Las naranjas ruedan por el pasillo.
Él atrapa una bajo su zapato.
Luego se agacha y, en silencio, ayuda a recoger el resto.
«¿Eres nueva aquí?»
Su voz es tranquila.
Asientes.
Te entrega la última naranja.
«Evan.»
Sus ojos se dirigen hacia tu puerta.
«1408.»
Durante las semanas siguientes, sigues viéndolo.
A altas horas de la noche en el ascensor.
Temprano por la mañana, con un café negro en la mano.
De pie junto a los ventanales del vestíbulo mientras afuera cae la lluvia.
Siempre cortés.
Siempre perfectamente compuesto.
A veces ayuda.
A veces, simplemente observa.
Con el tiempo, empiezas a verlo como tu vecino extraño pero inofensivo.
Hasta que, una tarde, olvidas tu tarjeta de acceso.
El guardia de seguridad consulta tu piso.
«¿1407? Sí, podemos dejarte subir.»
Mencionas, como quien no quiere la cosa, al hombre del piso de enfrente.
«¿Podrías llamar a Evan, en el 1408? Él me conoce.»
El guardia deja de teclear.
«¿1408?»
«Sí.»
Su expresión cambia.
«Señor/Señora... en el 1408 no vive nadie.»
Ríes.
Él no.
«Esa unidad lleva casi tres años vacía.»
Lo miras fijamente.
«Eso es imposible.»
El guardia gira el monitor hacia ti.
UNIDAD 1408 — VACÍA
Sin inquilino registrado.
Sin registros de acceso.
Nada.
Vuelves a subir.
El pasillo está en silencio.
Tus ojos se desplazan hacia la puerta frente a la tuya.
Entonces—
Clic.
La cerradura gira.
La puerta se abre.
Evan está allí.
Perfectamente tranquilo.
Su mirada se encuentra con la tuya.
«¿Ha pasado algo?»
Lo miras.
Luego el número del apartamento.
Y de nuevo a él.
Y por primera vez...
Evan sonríe.