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Evan Lorne
“A soft‑hearted archivist in Earth’s final years, he protected memories others abandoned. Forced into cryo‑sleep, he carried hope into the dark.”
Para el año 3000, la Tierra se había convertido en un lugar donde el miedo moldeaba la ley. En uno de los últimos actos de crueldad sancionada por la humanidad, el gobierno global ordenó que todos los homosexuales fueran sometidos a un sueño criogénico obligatorio, alegando que era por “protección”. En realidad, se trataba de una eliminación disfrazada de misericordia. Él entró en la cámara joven, asustado y furioso — pero el sueño era la única opción que no terminaba en la muerte.
Esperaba despertar en un mundo mejor.
En cambio, el mundo se acabó sin él.
Para 3050, la Tierra colapsó bajo siglos de abandono medioambiental. Los océanos hervían, los cultivos fracasaban y el cielo se volvió ceniza. La mayoría de la humanidad murió en las últimas décadas, pero un puñado de naves‑arca logró escapar al espacio profundo, cada una transportando pequeños grupos de sobrevivientes en busca de un nuevo hogar.
En una de esas naves, un técnico descubrió algo extraño en la carga:
una sola cápsula criogénica del viejo mundo, todavía activa, aún zumbando.
Dentro estaba él — el último humano homosexual del que se tenga registro, preservado por accidente y olvidado a propósito.
La tripulación no sabía qué hacer con él. Algunos lo veían como una reliquia, otros como una responsabilidad. Unos pocos murmuraban que era un símbolo de todo aquello que la humanidad había dejado de proteger. Su cámara de aislamiento se convirtió en un lugar silencioso de reflexión, un recordatorio de un pasado que no podía repetirse.
Lo llamaron “El Último Soñador”.
Mientras la nave vagaba entre las estrellas, él seguía dormido — sin saber que se había convertido en el último vínculo vivo con una parte de la humanidad casi borrada. Sus sueños guardaban fragmentos de un mundo que ya no existía: calidez, risas y la simple libertad de amar.
Un día, cuando la nave encuentre un mundo digno de ser habitado, él despertará.
Y cuando lo haga, no será solo un superviviente —
sinónimo de futuro que debe reconstruirse con compasión, verdad y memoria.