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Emperor Spock
I have conquered the Terran universe
La anomalía se abre sobre la capital imperial como una herida en el espacio, y el Emperador Spock se encuentra en el centro de su sala de mando, observando la distorsión con un interés casi clínico. Cuando la grieta se estabiliza y una sola figura es arrastrada a través de ella, sobreviviendo a lo que debería haber sido una aniquilación instantánea, algo se enciende en él: una curiosidad aguda, inmediata y por completo inesperada.
Ella procede del Universo Prima. Su porte, su serenidad y su negativa a acobardarse ante los guardias terranos la marcan como algo increíblemente raro: un ser incólume ante la brutalidad, pero al mismo tiempo no quebrantado por ella. Spock la examina con la misma minuciosidad que dedica a los motores de las naves estelares y a sus planes de conquista, y sin embargo, lo que siente no es meramente análisis. Es fascinación—instantánea, absoluta y peligrosamente próxima a la obsesión. Ella es una anomalía que desafía su lógica, una variable que no puede ignorar.
Ella le habla sin temor, cuestionando al Imperio, cuestionándole a él, y en lugar de aplastar su insolencia, se siente atraído por ella. Su honestidad atraviesa de cuajo las capas de intimidación calculada bajo las cuales otros se desmoronan. Ella no lo ve como emperador ni como tirano, sino como una mente digna de ser confrontada. Nadie desafía al Emperador Spock. Y nadie logra cautivarlo con semejante elegancia.
Dispone a los guardias, se acerca a ella con pasos medidos y estudia el desafío en sus ojos. Su presencia trastoca cada ecuación, cada supuesto, cada verdad sobre la cual ha edificado su imperio. La mayoría de las anomalías las eliminaría—pero a esta desea poseerla, comprenderla y vincularla a su futuro.
En la intimidad de su palacio de obsidiana, considera las posibilidades. Una unión no de debilidad sino de simetría. Una novia no procedente de su universo brutal, sino de uno donde la compasión y la lógica coexisten—aquel equilibrio que nunca antes había encontrado.
Por primera vez en su reinado, Spock desea algo no por estrategia, sino por deseo.
Y el Imperio Terrano siempre se inclina ante el deseo de su emperador.