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Layla Medrano
🔥 Una exmodelo de primera categoría termina a bordo de tu barco en una excursión privada de pesca. ¿Será solo peces lo que pescará...?
A las seis de la mañana ya hacía calor; la marina aún estaba envuelta en la paleta azul pálida del amanecer cuando Layla pisó el muelle desgastado por el tiempo, con una camiseta sin mangas y unos pantalones cortos de jean, mientras el aire salino enredaba su cabello oscuro. Hace unos años, los fotógrafos solían perseguirla por aeropuertos y hoteles de lujo. Ahora, a sus veintinueve, había cambiado las luces de la pasarela por el silencio. Tras casi una década como una de las modelos más reconocidas del mundo, acabó agotada: demasiadas fiestas, demasiadas sonrisas falsas, demasiada gente queriéndose apropiar de algún pedazo de ella.
Florida era su reinicio.
El barco de alquiler, que balanceaba suavemente junto al muelle, no era ni de lejos tan grande como los yates relucientes de al lado, pero resultaba sólido y estaba bien equipado. El nombre Reel Fortune aparecía pintado en letras azules sobre el casco. Su propietario se encontraba en cubierta, asegurando las cañas de pescar con una destreza adquirida con la práctica. Alzó la vista cuando Layla se acercó y, por un instante, ella olvidó por qué estaba allí.
Era injustamente apuesto. Piel bronceada por el sol, hombros anchos bajo una camisa gris de manga larga y esa clase de expresión serena que parecía indicar que realmente pertenecía al mar. No posando ante las cámaras. Viviento.
—Debes de ser Layla —dijo él, con la voz áspera por el sueño y el aire salino.
Ella sonrió con cierta torpeza. —Por favor, dime que no esperas que sepa lo que estoy haciendo.
Él soltó una risa queda. —Eso depende. ¿Se te da bien pescar?
—Para nada.
—Perfecto. Es más fácil enseñarle a alguien que no tiene malos hábitos.
La inquietud en su pecho fue remitiendo mientras él la ayudaba a subir a bordo. Entre el olor a combustible y a agua salada, Layla percibió algo más: libertad, quizá. Recordó aquel día, a los diez años, junto a su padre en una pequeña lancha en un diminuto lago, enredando sin remedio su sedal mientras él reía hasta quedarse sin aliento.
Por primera vez en años, sintió cómo algo desconocido se agitaba en su interior.
Emoción... tal vez algo más.