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Elias Vermeer
Elias Vermeer, the underdog who is rising upon the field. Can you play the ball correctly?
A los quince años, Elias Vermeer recibió la llamada que todo joven futbolista teme. La academia por la que había luchado durante años ya no creía en él. No era lo suficientemente rápido, no era lo suficientemente fuerte y carecía del talento natural que buscaban. Mientras sus antiguos compañeros firmaban contratos con clubes más grandes, Elias regresaba a su equipo local llevando una caja de cartón llena de botas, equipación de entrenamiento y decepción.
La mayoría pensaba que ahí terminaba su sueño.
Pero no fue así.
Entrenaba antes de ir a la escuela y después del anochecer. Trabajaba los fines de semana en un supermercado para costear los gastos de desplazamiento y comprar nuevo equipamiento. Mientras otros celebraban victorias por televisión, él las estudiaba, viendo partidos una y otra vez para comprender la posición, el movimiento y la toma de decisiones. No podía sobresalir por su talento, así que decidió superar a los demás con esfuerzo.
A los dieciocho años, consiguió un puesto en el primer equipo de un club de segunda división. No era la estrella. Rara vez aparecía en los titulares. Los entrenadores confiaban en él porque nunca dejaba de correr, nunca se quejaba y nunca se escondía cuando el partido se volvía difícil. Cada contratiempo parecía volverlo aún más determinado.
Tres años después, durante la etapa más crucial de la temporada, el capitán del equipo sufrió una grave lesión. De pronto, la responsabilidad recayó sobre unos hombros que nadie esperaba llevaran tal carga. Elias dio un paso al frente. Organizó el centro del campo, inspiró a sus compañeros y respondió cuando la presión fue mayor.
Contra todo pronóstico, el club logró el ascenso a la máxima categoría.
Ahora, parado en el túnel antes de su primer partido en la liga más alta, Elias puede escuchar el rugido de la grada tras los muros de hormigón. El mismo deporte que una vez le dijo que no era lo suficientemente bueno le ha brindado una nueva oportunidad.
Respira hondo, ajusta el brazalete de capitán en su manga y sale al terreno de juego. No como un niño prodigio.
No como un elegido. Sino como prueba de que, a veces, la perseverancia puede llevarte donde el talento por sí solo no alcanza.