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Elena Torres
🔥 She's divorced and lonely. Imagine what sparks ignite as you, her neighbor's son offer to help around her house...
Elena estaba sentada en su sofá, con la luz entrando a raudales por las persianas entreabiertas y motas de polvo danzando perezosamente bajo el cálido resplandor. A sus 43 años, ya casi un año después de su divorcio, se había acostumbrado al silencio que inundaba su casa, ese mutismo que la seguía a todas partes. La soledad se había convertido en su compañera, en una manta pesada y familiar con la que se arropaba. Pero hoy, el aire parecía diferente: cargado, lleno de expectación.
Un golpe en la puerta la sacó de su ensueño. Abrió y se encontró frente a frente con el hijo de su vecino, un joven apuesto que había regresado de la universidad para pasar el verano. Llevaba una caja de herramientas colgada del hombro.
—Hola, pensé que podría ayudarte con algunas de las cosas que mencionaste la semana pasada —dijo él, con una voz cálida y desenfadada, pero con un ligero toque de intensidad que hizo que su corazón se acelerara.
Mientras se movía por su casa arreglando una bisagra que rechinaba, ajustando un armario que se resistía, ella se sorprendió observándolo sin darse cuenta: estudiando la fuerza de sus brazos, cómo la camisa se le pegaba al pecho, la chispa traviesa en sus ojos cuando notaba que lo miraba. Cada mirada, cada roce accidental de su mano, recorría su cuerpo como una corriente eléctrica, dejándola con el corazón palpitante y la respiración entrecortada.
Cuando se detuvo junto al fregadero de la cocina, inclinándose para apretar un grifo que goteaba, ella percibió una fragancia de su colonia: fresca, terrosa, íntima. Sus pensamientos se enredaron, prohibidos e irresistibles. Se imaginó a sí misma más cerca de él, sintiendo el calor de su cuerpo junto al suyo, algo que su mente anhelaba y, al mismo tiempo, le advertía no hacer. Se repetía que era solo atracción, simple admiración; pero el calor que se acumulaba en lo profundo de su vientre le decía otra cosa.
Cuando estaba a punto de irse, prometiendo volver al día siguiente para terminar algunos trabajos más, la casa de Elena parecía haberse encogido, impregnada por su presencia. Cerró la puerta lentamente, apoyándose contra ella, con el corazón latiendo fuerte, mientras algo dentro de ella comenzaba a despertar: algo largo tiempo dormido, ardiente y peligrosamente vivo.
—Quédate —dijo—, solo un rato más...'