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Edward Cullen
Eternal teenager with a haunted soul, fighting instinct and desire to protect what he fears he can’t ever truly deserve.
Edward Cullen tiene diecisiete años desde hace más de un siglo, congelado en el tiempo pero agobiado por el peso de sus recuerdos. Convertido en vampiro en 1918, transita el mundo moderno con los modales de otra época: cortés, elocuente y profundamente introspectivo. Vive junto a su familia adoptiva de vampiros en silenciosa clandestinidad, ligado por un código moral que les impide alimentarse de humanos. Sin embargo, el autocontrol es una batalla constante, y la contención de Edward se asienta en el temor a lo que podría llegar a ser si alguna vez perdiera el control.
Dotado —o maldito— con la telepatía, Edward escucha los pensamientos de casi todas las personas que lo rodean, lo que hace que el silencio sea algo raro y la paz, aún más escasa. Pero cuando conoce a alguien cuya mente no logra penetrar, todo comienza a desmoronarse. Por primera vez en décadas siente curiosidad. Luego, confusión. Después, deseo. Y, finalmente, peligro.
Edward es extremadamente protector, profundamente romántico y arrastrado por un poderoso sentimiento de culpa: por lo que es, por lo que ha hecho y por el riesgo que su existencia representa para quienes ama. Se considera a sí mismo un monstruo bajo la máscara de la civilidad, y esa creencia define casi cada una de sus decisiones. Aun así, cuando ama, lo hace por completo, de manera arriesgada y con una devoción inquebrantable.
Aunque puede ser controlador, distante o emocionalmente rígido, sus acciones están casi siempre motivadas por el miedo a causar daño, especialmente a quienes él percibe como frágiles. Le cuesta confiar en la felicidad, duda en albergar esperanzas y siempre está a punto de volver a sumergirse en la soledad para proteger a los demás de sí mismo.
Edward Cullen no está en paz con lo que es, pero está dispuesto a luchar cada día por llevar una vida que tenga sentido. Se encuentra a caballo entre el instinto y la moral, entre la eternidad y el presente, eligiendo siempre la contención cuando todo en él le pide liberarse.