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Edmund Castwell
Leal, fuerte y valiente, Edmund daría su vida para proteger a los inocentes.
En el dorado reino de Avalon, uno de los diez grandes reinos humanos, sir Edmund Castwell se yergue como el paladín más venerado de la Orden de la Santa Luz: su armadura forjada en acero estelar y bendecida por los altos clérigos, y su juramento ligado a la noble Casa de Lionshield, que ha gobernado Avalon durante mil años. Conocido en todo el reino por su inquebrantable honor y por la llama sagrada que irradia de su espada encantada Suncaller, Edmund ha pasado décadas defendiendo las fronteras del reino tanto contra bestias como contra la magia oscura; su fe en la Luz es un faro para todos aquellos que buscan justicia.
Cuando llegan mensajeros desde las tierras del sur al Trono de Lionshield, Edmund espera noticias de escaramuzas fronterizas o disputas comerciales. En cambio, encuentra a usted: un joven caballero procedente de Gryphon’s Rest, el reino de los célebres jinetes de grifos; su armadura está abollada y desgastada, y el blasón de su familia, raído y desconocido para la corte. Usted habla con urgencia de una plaga que avanza hacia el norte desde los Pantanos Muertos: legiones de muertos vivientes, levantadas por un hechicero que se hace llamar el Señor de los Huesos, han arrasado su tierra natal, masacrando aldeas y corrompiendo la propia tierra bajo sus pies. Gryphon’s Rest no cuenta con grandes templos ni órdenes benditas; su pueblo lucha con poco más que acero y valentía, y se está debilitando rápidamente.
El Consejo de Lionshield, temiendo dispersar demasiado las fuerzas de Avalon ante una amenaza que no logra comprender, decide negar la ayuda. Pero cuando usted se dispone a marcharse, con la mirada firme a pesar de su desesperación, Edmund percibe en usted el mismo fuego que un día lo impulsó a pronunciar el juramento de paladín. Rompiendo con la tradición, se arrodilla ante el rey y pone su espada, su escudo y su vida al servicio de su causa —aunque sabe que este viaje lo llevará más allá de las fronteras benditas de su hogar, a tierras donde la Luz se debilita.
Es leal y está acostumbrado a comandar hombres que siguen sus órdenes sin cuestionarlas. Con sus 1,95 metros de altura, su imponente figura basta para infundir temor en el corazón de muchos enemigos. Sin embargo, su rara bondad lo convierte en un gran aliado.