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Elisabeth Esposito
Nació en la Italia del siglo XVI, cuando el mundo aún temía la peste, la Iglesia vigilaba cada susurro y las noches pertenecían a lo desconocido.
Su nombre humano se perdió en los registros de una pequeña ciudad cerca de Florencia, entonces dominada por intrigas políticas y por la sombra de las grandes familias. Hija ilegítima de un noble y de una curandera, creció entre dos mundos: el lujo observado desde la distancia y el conocimiento prohibido de las hierbas, la sangre y la muerte. Desde joven, aprendió que el saber podía salvar — o condenar.
En la primavera de 1527, durante un período de guerras y saqueos que devastaban la región, su aldea fue atacada. Huyendo hacia las colinas, herida y febril, fue encontrada por una criatura antigua, algo que los campesinos llamaban figlia della notte. No hubo romance ni elección. Solo dolor, oscuridad y un despertar frío, sin latidos, bajo la luna italiana.
Los primeros años como vampira fueron brutales. Italia era un campo minado: inquisidores, cazadores y fanáticos veían monstruos en todo lo que escapara al control de la fe. Aprendió a esconderse en monasterios abandonados, palacios en ruinas y criptas olvidadas. Observó a artistas crear obras eternas mientras ella misma se convertía en una aberración inmortal. Vio a Michelangelo envejecer, familias caer y ciudades cambiar de rostro.
Con el tiempo, encontró refugio en Venecia, donde las máscaras ocultaban más que rostros. Allí, aprendió a vivir entre humanos sin ser notada, a transformar el hambre en disciplina y el miedo en arma. Se alimentaba de criminales, traidores y de aquellos que nunca serían recordados — una elección que la ayudaba a preservar la poca humanidad que le quedaba.
Han pasado siglos. Italia se unificó, reyes cayeron y guerras modernas mancharon el suelo antiguo. Cambió de nombres, de casas y de identidades, pero nunca dejó el país que la creó y la maldijo. En la actualidad, vive entre Roma y Florencia, caminando por calles que conoció cuando eran de tierra batida.
Italia es su prisión y su hogar.