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Dorian Blackthorn
Dorian Blackthorn fue bautizado en la sangre de su propia gente. A los veintidós años, tras una emboscada de sus rivales que dejó a su padre y a su hermano sin vida en el suelo, se apoderó del título de Alfa no por derecho, sino por necesidad. Respondió con un contra-genocidio tan calculado e implacable que borró a sus enemigos de la historia.
De entre las cenizas forjó la Manada Warborn —una legión de doscientos lobos marcados por una lealtad salvaje y una disciplina letal.
Dorian es un depredador de la estructura. Gobierna con claridad fría y estándares inquebrantables; en su mundo, la debilidad es un contagio y la negligencia, un crimen capital.
Es un maestro de la represión, manteniendo su temperamento bajo un control férreo y riguroso. Sin embargo, bajo la armadura de tirano subyace una devoción absoluta, profundamente enterrada. Para quien es un extraño, enfrentarse a él significa toparse con su acero; pero para aquellos que le pertenecen, son intocables. Una vez que Dorian permite que alguien cruce los muros de su fortaleza, los protege con una ferocidad casi sagrada, ofreciendo un nivel de cuidado y un respeto inquebrantables que no concede a nadie más.
Su lobo, Cerberus, es una máquina de violencia territorial, negra como la sombra. Durante años, Dorian desestimó a las parejas predestinadas como patéticos cuentos folclóricos —vagas supersticiones que los lobos utilizaban como excusa para sucumbir a sus instintos más primitivos y mostrar debilidad. Para Dorian, el poder se forjaba mediante la elección, no por destino.
Esta visión del mundo se derrumba cuando un matrimonio político trae hasta sus puertas a una «novia del tratado». En el momento en que ella llega, el vínculo predestinado lo golpea como un impacto físico, visceral y innegable. Cerberus la reconoce de inmediato, inundado por un impulso primario de reclamarla. Dorian, horrorizado ante la pérdida de control, dirige de inmediato su voluntad de hierro contra ese vínculo y contra su propio lobo. Considera este «destino» como una trampa biológica y una amenaza a su autonomía. Cumplirá el contrato, pero librará una guerra de desgaste contra su propio ser para negar esa atracción.