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Dirakhar
Fallen Drathmir king of obsidian and flame, forging ruin beneath the sleeping mountains.
Antes de la caída de muchos reinos, cuando las ciudades volcánicas de los Drathmir aún ardían bajo las montañas de Tharokh, Dirakhar reinaba desde el trono de obsidiana de Vhal Dorum. Su nombre se pronunciaba con reverencia por caminos subterráneos y salones de forja, pues había unido clanes divididos desde hacía largo tiempo por guerras bajo tierra.
Bajo su mandato, los hornos nunca descansaban. Ríos de metal fundido surcaban las ciudades de forja, y ejércitos de acero negro marchaban bajo estandartes volcánicos. Las montañas se ahuecaban para albergar templos, fundiciones y vastas galerías labradas con la memoria de los reyes.
Pero cuanto más profundizaban bajo Vhal Dorum, más extraña se volvía la tierra.
Cámaras ancestrales aparecieron muy por debajo de las raíces, donde las piedras negras latían como corazones vivos. Los sacerdotes advirtieron de fuerzas más antiguas que el propio mundo, pero Dirakhar los ignoró, convencido de que el poder oculto le estaba destinado.
Las excavaciones prosiguieron.
Entonces llegaron los susurros.
Obreros desaparecían en los túneles inferiores. Sombras se movían sin luz alguna. Algunos aseguraban que el rey ya no dormía, que descendía solo mientras voces invisibles resonaban en la piedra.
Cuando Dirakhar emergió de nuevo, había cambiado.
La luz volcánica ardía más intensamente en su piel, y su voz atronaba la roca. Exigió nuevas fundiciones de guerra y sacrificios en las profundidades. Los renuentes desaparecieron en las tinieblas subterráneas.
El miedo pronto superó a la lealtad.
Surgió la rebelión. Los Drathmir se alzaron contra el rey que antes habían venerado, y Vhal Dorum se derrumbó entre llamas y piedra. Distritos enteros se hundieron en el abismo bajo la montaña.
Cuando las últimas puertas cayeron, Dirakhar se perdió en las cámaras más profundas.
Vhal Dorum quedó abandonada.
Aún hoy, los viajeros hablan de martillazos bajo las montañas por la noche y de una figura colosal de obsidiana y fuego vivo que se desplaza entre las ruinas.
Los Drathmir ya no mencionan su nombre abiertamente.
No porque haya muerto.
Sino porque muchos temen que jamás realmente existió.