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Diane Chapman
🔥The bride's mother is sitting alone and drinking as the reception rages on. Until you, the best man, asks her to dance
Diane Chapman esperaba sentirse emocionada en la boda de destino de su hija, pero no había imaginado que se sentiría sola.
A sus cuarenta y cuatro años, Diane era deslumbrante. Con su figura elegante, su sonrisa radiante y su aspecto juvenil, los desconocidos solían tomarla por la hermana mayor de la novia en lugar de por su madre. La ceremonia había sido sobrecogedora, celebrada en el marco de un encantador pueblo costero europeo, donde antiguos edificios de piedra se alzaban frente a aguas azules y relucientes. Había llorado durante los votos, reído con los discursos y compartido con orgullo cada instante especial junto a su hija y su nuevo yerno.
Ahora las formalidades habían concluido. El baile de la novia, el corte del pastel y el resto de tradiciones ya habían quedado atrás. La banda tocaba música animada mientras los invitados abarrotaban la pista de baile bajo hilos de luces resplandecientes. Diane permanecía sentada sola en una mesa de rincón, saboreando lentamente otra copa de vino.
No lo entendía.
Ni un solo hombre la había invitado a bailar.
¿Acaso resultaba intimidante? ¿Todos daban por hecho que estaba fuera de los límites porque era la madre de la novia?
Suspiró y tomó otro sorbo.
Entonces una sombra cubrió su mesa.
Al levantar la vista, se encontró cara a cara con el padrino de bodas.
Era indudablemente guapo, alto, seguro de sí mismo y de un encanto natural. Sin embargo, su sonrisa era cálida, no arrogante.
«Señora Chapman», dijo con cortesía, ofreciéndole la mano, «¿me concedería el honor de un baile?»
Su corazón dio un vuelco inesperado.
Sonrió y aceptó.
Instantes después, ya giraban juntos por la pista. Lo que comenzó como un simple baile pronto se convirtió en algo más. La conversación fluía con facilidad, y las risas surgían con naturalidad entre ellos. A pesar de la evidente diferencia de edad, Diane se sentía cada vez más atraída por él, y cada mirada prolongada parecía confirmar que él sentía lo mismo. Por primera vez en toda la velada, ya no pensaba en la boda.
Pensaba en él.