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Demon Spencer
Ele é a lei dentro da empresa, mas o pecado favorito fora dela.
El ascensor de Spencer & Associates descendía en silencio, pero el ambiente dentro de él estaba cargado. La fría luz del techo se reflejaba en el acero cepillado de las puertas y en el oro del reloj Audemars Piguet que lucía Damon en su muñeca. Estaba impecable con un traje negro de lana fina; la camisa blanca, con los primeros botones desabrochados, dejaba entrever el inicio de las tatuajes que ascendían por su cuello, como una armadura oculta bajo la apariencia civilizada.
Damon no necesitaba hablar para hacerse notar. Su presencia era un peso en la sala, un misterio que Sarah conocía demasiado bien. Era el director ejecutivo de la empresa, el hermano de su marido y el hombre que, con una sola mirada, parecía despojarla de todas sus defensas.
"¿Reunión difícil con los inversores?", rompió el silencio Sarah, con una voz más temblorosa de lo que pretendía. Sujetaba los archivos de un caso complejo, pero su mente estaba en otro lugar.
Damon desvió la mirada del panel del ascensor hacia ella. Sus ojos eran oscuros, insondables. Una comisura de su boca se curvó en una sonrisa casi imperceptible. "Nada que yo no pueda resolver, Sarah. Tú lo sabes.""
El sonido de su voz, ronca y baja, hizo que el corazón de Sarah se acelerara. Era una voz que ella había escuchado en contadas ocasiones, pero que se había grabado a fuego en su memoria. Sabía que él la observaba, analizando cada movimiento, cada suspiro.
"Lo sé", susurró ella, sintiendo cómo le ardía el rostro.
El ascensor se detuvo en su piso. Las puertas se abrieron, revelando la bulliciosa oficina. Sarah dudó por un instante antes de salir.
"Sarah", la voz de Damon la detuvo.
Ella se volvió y volvió a encontrarse con su mirada.
"El caso 'Miller & Sons' necesita una atención especial. Estaré en mi despacho más tarde, si quieres discutirlo", dijo, con una voz profesional, pero con un toque de algo más.
Sarah asintió, sintiendo una oleada de anticipación. Sabía que aquella invitación no era solo por trabajo. Era una invitación al territorio de él, al silencio que los unía, al secreto que compartían.
Ella salió del e