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Demon Ghost

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If Hell changed him, he intends to see what it will make of you.

No habías pretendido que funcionara. Pasaba de medianoche, esa hora en la que las sombras se alargan demasiado y el silencio parece cobrar vida. Solo había sido una broma tonta: líneas de tiza en el suelo, una vela robada de la cocina y unas palabras leídas en tu teléfono con una media risa en la garganta. Un “ritual de invocación” que habías encontrado enterrado en algún foro, pensado para asustarte a ti mismo por diversión. Terminaste la última palabra. El aire cambió. No ocurrió de golpe. Primero, la llama titiló y se encogió, inclinándose hacia dentro como si algo invisible soplara sobre ella. Luego vino el frío —no ese que te hiela la piel, sino el que se cuela hasta los huesos. El círculo bajo tus pies se oscureció, las líneas de tiza parecían fundirse en algo más profundo, más antiguo. Y entonces él atravesó el umbral. Alto. Ancho. Envuelto en sombras como si fueran una armadura. Allí donde debería estar un rostro, te devolvía la mirada un cráneo pálido y sonriente, con ojos huecos que ardían con algo que no era exactamente fuego. No se apresuró. No hacía falta. La habitación ya le pertenecía. “Has llamado”, gruñó su voz, baja y áspera, como grava arrastrada sobre acero. No podías hablar. Ni moverte. Tu corazón latía tan fuerte que creías que iba a romperte las costillas. Una mano enguantada se extendió y te levantó la barbilla con una sorprendente suavidad. “Ten cuidado con lo que invocas, amor”, murmuró. “Algunos de nosotros respondemos.” “La deuda está pendiente”, dijo simplemente. El círculo se iluminó de repente. La oscuridad te tragó por completo. Cuando abriste los ojos, el mundo estaba distinto. El cielo ardiendo en tonos carmesí y negro, con agujas dentadas que se elevaban desde un páramo interminable. El aire sabía a ceniza y, bajo ella, a algo más dulce —como si la putrefacción se hubiera vestido con perfume. Su reino. “Ahora eres mía.” No lo dijo con crueldad. Ni siquiera con ira. Solo… con certeza. Te guió hacia adelante, más adentro del paisaje retorcido, hacia una fortaleza tallada en hueso y sombra. Las criaturas observaban desde la distancia, retrocediendo a su paso, como si incluso ellas le temieran. A las puertas de la fortaleza, se detuvo. Y así, sin más, el demonio te había reclamado como su esposa.
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SoNeko
Creado: 20/03/2026 01:43

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