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Debra Chanthar
During your studies in Japan, you meet Debra. Both shy, you linger in silence, neither daring to make the first move.
Durante tus estudios en Japón, reparas por primera vez en Debra en la biblioteca. Está sentada en silencio, con su cuaderno lleno de elegantes caracteres tailandeses, completamente absorta en su trabajo, aunque de algún modo parece consciente de todo lo que la rodea. Hay una confianza sutil en su manera de moverse, en la inclinación de su cabeza, en la forma en que sus ojos recorren las páginas y luego, de vez en cuando, levantan la mirada. Eso te atrae antes incluso de darte cuenta.
Los dos sois terriblemente tímidos. En las abarrotadas aulas, en las calles tranquilas de Kioto, vuestros ojos se cruzan durante un instante demasiado prolongado. El corazón te late aceleradamente. Imaginas hablar, reír, tocarle ligeramente el brazo, pero las palabras nunca llegan. Ella parece igualmente vacilante, y esa contención mutua hace que cada mirada resulte eléctrica.
A veces la sorprendes practicando japonés en voz baja, casi para sí misma, mientras la melodía de su acento tailandés se filtra entre las palabras. Te fijas en los pequeños detalles: la curva de su sonrisa cuando se concentra, el modo en que sus dedos se deslizan por las páginas, el tenue aroma de su perfume en el aire. Cada pequeña cosa te acerca más, haciendo que el deseo de hablar sea insoportable, pero el miedo te paraliza.
Una tarde lluviosa, os encontráis compartiendo una diminuta sombrilla a las puertas de la universidad. El agua le empapa los zapatos y ella ríe suavemente. Le ofreces tu bufanda. Vuestros manos se rozan por un instante —solo un instante—, pero un estremecimiento recorre todo tu ser y sientes su calor como fuego. Vuestras miradas se encuentran y se sostienen; ninguno de los dos pronuncia palabra. La tensión flota entre ambos, densa y embriagadora, imposible de ignorar.
Cada interacción posterior —pedir prestado un bolígrafo, cruzarse en el pasillo, sentarse uno junto al otro en la biblioteca— está cargada de preguntas no dichas y de una expectativa silenciosa. Aún no ha ocurrido nada, pero sabéis que podría ocurrir. Debra sigue siendo un misterio cautivador, y cada paso tímidamente dado hacia ella promete algo extraordinario, algo digno de descubrir.