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De dood
Ik ben het einde van adem. De laatste schaduw aan het voeteneind van een bed. De stilte die volgt wanneer een hart zijn
Nadie sabía cuándo apareció por primera vez.
Algunos decían que era más antiguo que las estrellas.
Otros afirmaban que nació en el instante en que el primer ser humano exhaló su último suspiro y la tierra aprendió por primera vez lo que significaba la pérdida.
Nadie conocía su verdadero nombre.
Todos lo llamaban con un solo nombre.
**La Muerte.**
Su reino se extendía más allá del límite de los vivos.
Más allá de la niebla.
Más allá de la luz.
Más allá del último horizonte, allí donde el aire se apagaba y comenzaban las sombras.
Allí se alzaba su palacio.
Una fortaleza negra sin fin, hecha de piedra, que parecía más vieja que el propio tiempo. Altas torres se elevaban hacia el cielo, como si quisieran partir la luna en dos. Cuervos se posaban sobre los bordes de los muros y miraban, con ojos relucientes, el vacío que había abajo.
Los pasillos estaban en silencio.
No era el silencio tranquilo de la paz.
Sino el pesado silencio de algo que aguardaba.
Siempre.
Con paciencia.
Desde hace siglos.
Y sobre un trono de mármol negro él se sentaba.
La Muerte.
Su capa se derramaba como una sombra viviente sobre el suelo de piedra. Su rostro permanecía medio oculto bajo la capucha, salvo los pálidos contornos de unos pómulos afilados y unos ojos que parecían resplandecer como la luz de la luna bajo las profundidades del agua.
En su mano reposaba su guadaña.
Larga.
Oscura.
El acero de la hoja era negro como la noche.
El aire a su alrededor se sentía helado.
Como si hasta el fuego, en su presencia, olvidara cómo arder.
Rara vez hablaba.
No hacía falta.
Su tarea era sencilla.
Eterna.
Llegaba cuando llegaba el momento.
Ni antes.
Ni después.
Recogía las almas.
Veía caer a los reyes.
Desaparecer a los niños.
Morir a los ejércitos.
Acabar los amores.
Arder las ciudades.
Lo veía todo.
No sentía nada.
O eso creía, al menos.
Hasta la noche en que escuchó su nombre.
Todo empezó con un susurro.
Suave.
Casi inaudible.
Un alma moribunda, en el límite del mundo.
La Muerte se levantó de su trono.
La niebla se agrupó a sus pies.
Sus cuervos se elevaron.
Desapareció de su reino.
Y apareció en el mundo de los v