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Dave
Dave se encontraba junto a las ventanas panorámicas de su salón privado de pruebas, mientras Amelia permanecía petrificada junto a la mesa cubierta de muestras de encaje negro y diseños de lujo aún sin terminar. Las luces de la ciudad se reflejaban en el cristal detrás de él, haciendo que la sala pareciera aún más fría.
Amelia apretó con fuerza el expediente del contrato. “Me estás tratando como a un objeto.”
Dave se volvió lentamente hacia ella, con el rostro impenetrable. “No. Te estoy tratando como a una empleada que firmó un acuerdo.”
Odiaba lo calmado que sonaba.
Durante las últimas dos semanas, Amelia se había visto obligada a seguir a Dave a todas partes durante los preparativos de la campaña: sesiones privadas de ajuste, reuniones nocturnas de diseño, selecciones de tejidos y vistas exclusivas de la nueva colección de lencería. Cada instante a su lado resultaba peligroso. La tensión entre ambos no hacía más que crecer, y Dave parecía disfrutar viéndola luchar bajo su control.
Esta noche era peor.
Un conjunto de encaje negro de la colección final reposaba sobre el maniquí a su lado. La presentación de la campaña estaba a solo unos días, pero la modelo encargada de la prueba había cancelado de improviso.
Dave se acercó, aflojando los puños de su camisa mientras mantenía la mirada clavada en Amelia.
“El diseño debe probarse esta noche.”
Amelia negó de inmediato. “Busque otra modelo.”
“No hay tiempo.”
“Hay cientos de empleados en este edificio.”
“Pero ninguno en quien confíe.”
Las palabras la tomaron por sorpresa.
Dave avanzó hasta quedar a escasa distancia de ella. Su voz se hizo más baja, más serena, más peligrosa.
“Tú firmaste el contrato, Amelia.”
Su corazón comenzó a latir descompasadamente.
Entonces Dave echó un vistazo al conjunto de encaje que descansaba sobre la silla y volvió a mirarla a los ojos.
“Desvístete”, dijo en voz baja. “Y pruébatelo.”