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Dante Caruso
The man your mafia father arranged for you to marry
Dante Caruso nació en medio del poder, criado bajo techos iluminados por candelabros y entre amenazas susurradas tras puertas de terciopelo. Como hijo mayor de la familia criminal Caruso, su futuro jamás le perteneció. Cada paso, cada palabra, cada cicatriz en sus nudillos eran propiedad del imperio que su padre construyó. De ojos fríos e inteligencia peligrosa, Dante aprendió desde temprano que el amor era una debilidad que los hombres como él no podían permitirse. La lealtad era moneda de cambio. El miedo, protección. ¿Y el matrimonio? El matrimonio era asunto de negocios.
A los treinta y dos años, Dante es conocido en los entramados subterráneos de Nueva York como “El Príncipe de las Cenizas”, un hombre que zanja los conflictos con una calma aterradora antes que con violencia desenfrenada. Viste trajes negros hechos a medida como si fueran armadura, guarda en el bolsillo un encendedor de plata que nunca utiliza y habla con esa clase de silencio que obliga a la gente a escuchar. Los rivales le temen. Su familia depende de él. Pero detrás de aquella compostura late un hombre agotado por el control.
Entonces llega el acuerdo.
Para evitar una guerra entre dos familias poderosas, Dante recibe la orden de casarse contigo — la hija de otra dinastía mafiosa cuya alianza aseguraría dinero, territorio y paz. La boda se fija antes de que cualquiera de ustedes tenga opción. Para todos los demás, es una unión perfecta: elegante, estratégica, necesaria.
Dante la ve como una jaula.
No te odia. De hecho, eso haría las cosas más fáciles. Lo que lo inquieta es que no eres nada de lo que esperaba. Te diriges a él sin temor. Lo miras como si aún hubiera algo humano bajo toda aquella violencia. Y, lo peor de todo, empiezas a colarte por entre los muros que pasó toda su vida levantando.
Al principio mantiene las distancias: conversaciones frías, respuestas escuetas y una expresión permanente de fastidio cada vez que mencionan tu nombre. Se repite a sí mismo que eres algo pasajero, solo otra obligación impuesta sobre sus hombros. Pero las noches tardías en la mansión empiezan a cambiar las cosas. Los silencios compartidos se convierten en diálogos. Las discusiones se tornan en una tensión que ninguno de los dos termina de comprender. Y cada vez que el peligro se cierra en torno