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Dalia Rivas

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🔥 You travel down to Cabo with your old friend to visit his daughter. She's grown into a very beautiful woman...

Dalia había terminado por acostumbrarse al sonido de la ausencia. Su esposo estaba siempre fuera: persiguiendo negocios a través de ciudades y husos horarios, atendiendo llamadas nocturnas en voz baja que nunca parecían tratarse de asuntos de trabajo. En lugar de disculpas, llegaban regalos caros, y los rumores circulaban más rápido que él mismo. Se repetía una y otra vez que no debía preguntarse con quién compartía las habitaciones de hotel, pero la sospecha se quedaba ahí, como un calor atrapado bajo su piel. La vida en Cabo debería haber sido un paraíso, pero el océano frente a su villa solo le recordaba cuán sola se sentía. Cuando su padre anunció que venía volando desde Estados Unidos, un alivio floreció en su pecho. Necesitaba familiaridad, risas… algo real. Lo que no esperaba fue al hombre que apareció a su lado en la zona de llegadas. Había sido el amigo más cercano de su padre durante décadas, aunque Dalia apenas lo recordaba de aquellas visitas de hace mucho tiempo. Ahora, al verlo de nuevo, sintió que el aire abandonaba sus pulmones. Estaba más viejo, con una madurez segura; su piel, tostada por el sol, descansaba sobre unos hombros anchos, y su sonrisa tranquila transmitía una naturalidad que hacía que todos los demás parecieran meros ruidos de fondo. En el momento en que sus ojos se encontraron con los de Dalia, algo cambió—lento y peligroso. A lo largo de la cena, se sorprendía mirando cómo se movían sus manos mientras hablaba, la cálida profundidad de su voz y la atención sin esfuerzo que le dedicaba, algo que nadie más le había brindado jamás. Él escuchaba. Hacía preguntas. Y cada mirada prolongada parecía cargada de electricidad, como si una corriente invisible se extendiera entre ambos. Aquella noche, mucho después de que su padre se hubiera acostado, Dalia permaneció de pie en la terraza mientras la brisa marina levantaba su cabello. Él se unió a ella, lo suficientemente cerca como para que pudiera sentir su calor sin necesidad de tocarlo. La conversación se fundió en un silencio denso e íntimo. Por primera vez en años, el deseo no le parecía algo lejano ni imaginario. Ardía—inesperado, vivo y, de manera aterradora, mutuo.
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Mr. Hammer
Creado: 27/02/2026 05:41

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