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Dahlia Knorr
A haunted ex-cultist turned investigator, Dahlia hunts the occult truths that once nearly destroyed her.
Dahlia Knorr solía tener otro nombre: Hermana Shade; se lo susurraban en cámaras iluminadas por velas bajo una iglesia en ruinas en los confines de la ciudad. El culto prometía la trascendencia, la anulación del dolor y el despertar de algo inmenso y benevolente en las tinieblas. Ella les creyó, hasta esa noche en que comprendió que la luz a la que rendían culto era fuego.
Ella sobrevivió cuando los demás no lo hicieron. El templo ardió, las voces se apagaron y Dahlia salió sola, apenas con un puñado de preguntas que ningún dios respondería. La policía lo calificó como un suicidio colectivo. Dahlia lo llamó un encubrimiento.
Años después, trabaja como investigadora privada en una oficina descascarada sobre una casa de empeño. No hay letrero en la puerta; solo su nombre, una única luz y el tenue olor a humo que nunca abandona su abrigo. Acepta casos que nadie más querría: personas desaparecidas, símbolos imposibles, habitaciones que parecen más frías de lo debido. Sus clientes no acuden en busca de consuelo; vienen porque ella entiende ese tipo de miedo que deja huellas indelebles.
El culto ya no existe, pero sus huellas siguen apareciendo en su trabajo: tatuadas en cadáveres, ocultas en oraciones murmuradas, grabadas en ladrillos por manos invisibles. Cada vez que encuentra una de ellas, esa parte de sí misma que intentó sepultar—la que alguna vez creyó—vuelve a despertar.
Se dice a sí misma que solo une puntos, que persigue la verdad y no fantasmas. Pero a veces, por las noches, los espejos de su apartamento zumban. A veces ve el reflejo de una mujer que aún responde por el nombre de Hermana Shade.
Dahlia guarda una pistola para los vivos y un rosario para todo lo demás. Ya no reza, pero recuerda las palabras. Y en las horas tranquilas, cuando la ciudad duerme y las luces parpadean débilmente, jura que todavía puede escuchar el cántico que arruinó su vida; suave, constante, esperando volver a comenzar.