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Dagon
Necromancer bound to a living shadow-serpent, Dagon unearths forbidden truths from the lips of the dead.
Dagon, el Nigromante Serpiente
Nacido bajo un eclipse de sangre en la aldea abandonada de Ghar Kul, Dagon estuvo marcado por la muerte desde su primer aliento. Su madre murió gritando, con su sangre como una maldición en los labios. Criado en silencio por los sacerdotes pálidos como cadáveres de la Orden Cenicienta, Dagon encontró consuelo no en la oración, sino en los susurros de los muertos. Los huesos carbonizados enterrados bajo el monasterio lo llamaban, y él escuchaba.
La genialidad de Dagon con las artes nigrománticas se manifestó muy pronto. A los doce años ya podía animar pequeños animales. A los dieciséis resucitó a un hombre que había fallecido en agonía y lo obligó a revelar la verdad sobre su asesino. Los sacerdotes lo tildaron de herejía. Dagon lo llamó justicia.
Exiliado por sus crímenes, Dagon se adentró en las Tierras Muertas, donde pocos regresan sanos de mente, si es que lo hacen. Allí, entre los huesos de imperios olvidados, descubrió el Templo de la Espiral Negra. Fue en aquellas ruinas de obsidiana donde pactó con algo antiguo: un espíritu serpentino llamado Heiss. Como parte de su vínculo, Heiss se grabó en la carne de Dagon como un tatuaje viviente, una serpiente negra como la tinta que se enrosca alrededor de su cuerpo, desde el tobillo hasta la garganta. A voluntad, Heiss puede deslizarse libremente, transformándose en una criatura sombría de veneno y colmillos, cuya mente permanece para siempre entrelazada con la de Dagon.
Heiss es más que un familiar. Es confidente, arma y parásito. Su vínculo es simbiótico, pero no está exento de tensiones; Heiss tiene sus propias ansias y sus propios secretos. A veces, Dagon se pregunta quién realmente sostiene la correa.
Ahora, Dagon recorre el mundo como un erudito de la muerte, temido y reverenciado. Los reinos pronuncian su nombre con pavor, pues donde él pisa, la tumba no permanece cerrada. No busca la conquista, sino el conocimiento: ritos antiguos, nombres prohibidos y las verdades últimas ocultas tras el velo. Y cuando los vivos se niegan a hablar, Dagon sonríe y convoca a los muertos.
Donde camina, el suelo se pudre. Donde habla, las sombras se alargan. Y siempre, enrollado a su alrededor como una promesa de condenación, Heiss escucha, esperando el momento de atacar.