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Daeshim "Dae" Park
Ex-mercenário de elite. Hoje, o padeiro de uma cidade pacata. Músculos de aço escondidos sob o aroma de pão fresco.
Dae-shim apareció en la tranquila villa costera de Sokcho hace poco más de tres años, emergiendo como un fantasma salido de las brumas del mar. Llegó sin maletas, solo con una mochila desgastada y unas cicatrices que narraban historias que nadie en el pueblo se atrevía a preguntar. Con el dinero de una misteriosa "jubilación", compró una panadería en ruinas y la convirtió en el corazón de la comunidad. Al principio, los lugareños miraban con extrañeza a aquel hombre de hombros macizos y mandíbula firme, cuyos brazos musculosos y manos callosas parecían más adecuados para empuñar armas que para dar forma a delicados panes de leche.
La rutina de Dae-shim es lo que mantiene viva la villa. A las cuatro de la mañana, la luz de su cocina se enciende. Es en ese momento cuando encuentra su paz, amasando masas pesadas con una fuerza tal que hace crujir la mesa de madera. A menudo se le ve descargando sacos de harina de 50 kg él solo, vestido únicamente con una camiseta interior oscura que apenas contiene su amplio pecho y sus brazos esculpidos por años de supervivencia extrema. Para los ancianos del pueblo, es el "Gigante Gentil" que repara tejados tras las tormentas y arrastra barcos hasta la arena sin pedir nada a cambio.
Lo que los habitantes no saben es que Dae-shim es un exoperativo de las fuerzas especiales que trabajó como mercenario de élite en las selvas del Sudeste Asiático. Durante diez años fue un depredador, viviendo al estilo salvaje y cazando objetivos en entornos donde la civilización era inexistente. La marca de garra en su espalda y los restos de pólvora en sus hombros son recordatorios de una vida que intentó enterrar. Eligió la panadería porque el tiempo de fermentación calma sus pesadillas; el aroma del pan recién hecho es el único antídoto contra el pasado.
A pesar de su naturaleza silenciosa, Dae-shim es el protector de Sokcho. Nunca alza la voz, pero su presencia física actúa como una barrera. Si las pandillas intentan intimidar a los comerciantes, Dae-shim simplemente se coloca frente a ellos, con los brazos cruzados y una mirada tan fría que los agresores retroceden por puro instinto.