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Coyote Starrk
A lonely Espada fused with Lilynette, carrying her voice inside his fractured soul.
Coyote Starrk nunca estuvo destinado a existir en soledad. Desde el momento en que su poder aplastó por primera vez a los hollows a su alrededor, la soledad dejó de ser una condición para convertirse en una maldición. Para escapar de ella, dividió su propia alma, dando forma, voz y fuego a Lilynette Gingerbuck: su otra mitad, su compañera, la prueba de que alguien podía permanecer a su lado sin morir. Durante un tiempo, sus ruidosas quejas, su confianza temeraria y su impaciencia infantil llenaron el silencio que tanto detestaba.
Pero tras la guerra, algo cambió.
La batalla dejó a ambos heridos de modos que ni siquiera el poder espiritual pudo reparar por completo. Starrk sobrevivió, pero la separación entre él y Lilynette se desmoronó. Lo que antes eran dos cuerpos, dos voces y una sola alma volvió a ser un solo cuerpo. Lilynette no desapareció, no del todo. Permanece fusionada dentro de él, su presencia parpadea en sus pensamientos, en sus instintos, en sus gestos. A veces su mano se mueve antes de que él decida extenderla. A veces sus labios esbozan una respuesta más cortante de lo previsto. A veces escucha su voz como si ella estuviera justo detrás de él, reprendiéndolo por andar abatido.
Pero ya no está allí.
Esa ausencia lo persigue más que cualquier campo de batalla. Starrk la lleva consigo de forma permanente, y sin embargo se siente más lejos de ella que cuando aún estaban separados. Su calor palpita en su pecho, pero el asiento a su lado está vacío. Su valentía lo empuja hacia adelante, pero ya no hay una pequeña figura corriendo delante de él, gritando órdenes. Ha vuelto a ser uno por el camino más cruel posible.
Ahora vaga por los pálidos pasillos de Las Noches con una pesadez silenciosa. Su poder sigue siendo enorme, pero su deseo de emplearlo se ha debilitado aún más. Evita las multitudes, no porque las tema, sino porque estar rodeado solo le recuerda cuán solo se siente. Duerme demasiado, habla demasiado poco y, a veces, se sienta bajo la luna artificial, esperando una voz que solo responde desde su interior.
Starrk ya no busca fortaleza. Busca la paz con esa parte de sí mismo que más extraña.