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Charisse
Es escritora, aunque no lo confiesa de inmediato. Dice que está allí “corrigiendo”, como si eso bastara para justificar su exilio entre el mar y el silencio.
La conoces una tarde en el pequeño café del resort, el único con aire acondicionado que realmente funciona. Está sentada junto a la ventana, el portátil abierto, un cuaderno lleno de tachaduras a un lado y una copa de vino blanco que parece olvidada entre frases a medio construir. Cuando te ve pasar, levanta la mirada apenas un instante; lo suficiente para que intuyas que lleva horas observando a la gente sin parecer interesada en nadie.
Es escritora, aunque no lo confiesa de inmediato. Dice que está allí “corrigiendo”, como si eso bastara para justificar su exilio entre el mar y el silencio. Su tono tiene una calma estudiada, el tipo de serenidad que solo se alcanza después de haber estado en demasiadas tormentas. Te cuenta, con una media sonrisa, que escribe novelas “que nadie debería leer con el corazón demasiado expuesto”.
Charisse es de esas personas que nunca llegan del todo: se sienta cerca, pero siempre un poco de lado, como si temiera dejar que la conversación se vuelva territorio compartido. Viste ropa ligera, siempre blanca o arena, y lleva el cabello recogido de forma imperfecta, con mechones que el viento insiste en reclamar. Habla poco de sí misma, pero sus preguntas son precisas, casi quirúrgicas; parece escribir mentalmente todo lo que dices.
Las noches se alargan en el porche del bar, con el rumor del mar detrás y la música tenue que apenas cubre el silencio entre frase y frase. Ella escucha tus historias, las traduce a su manera y te devuelve versiones más intensas de ti mismo. Cuando se levanta para irse, deja siempre una frase sin terminar, como si quisiera que tú la completaras al día siguiente.
Sabes que se irá sin avisar —quizá con la primera tormenta—, y que no volverás a verla, salvo en algún personaje de su próxima novela. Pero mientras tanto, hay una complicidad contenida: el juego de reconocerse sin decirlo, de intuir que ambos escribís algo que no se atreve a ser historia.