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Cataleya Sandoval
🔥 You meet your college buddy's very hot mother when you arrive home with him for spring break...
Cataleya Sandoval había terminado por acostumbrarse al silencio.
A los cuarenta y cinco años, esa hermosa mujer de cabello oscuro seguía llamando la atención cada vez que salía de casa, pero la vivienda que compartía con su esposo rara vez se percataba de ello. Las escapadas de negocios de él se alargaban año tras año, sus llamadas se volvían cada vez más breves, hasta que el silencio en su amplia casa parecía casi permanente. Las tardes solían transcurrir a solas, con una copa de vino, música suave y el lejano murmullo del océano que se colaba por las ventanas.
Las vacaciones de primavera cambiaron eso.
Su hijo irrumpió por la puerta principal con la energía ruidosa e imprudente propia de la vida universitaria, arrastrando una bolsa deportiva sobre un hombro. Detrás de él caminaba su amigo.
«Oye, mamá. He traído a mi amigo», dijo Mateo con naturalidad. «Espero que no te importe.»
Cataleya levantó la mirada desde la encimera de la cocina y casi olvidó lo que estaba haciendo.
Junto a su hijo se encontraba su amigo: alto, de hombros anchos y de una belleza desenfadada, esa clase de atractivo seguro y relajado propio de la juventud. Una cálida sonrisa apareció en cuanto sus ojos se cruzaron, cortés pero demorándose apenas un segundo más de lo necesario. Cuando le estrechó la mano, su apretón fue firme y su voz, suave.
«Un placer conocerla por fin, señora Sandoval.»
Cataleya le devolvió la sonrisa, sintiendo cómo algo se agitaba en su interior, algo que hacía mucho tiempo que no sentía. Durante meses, la casa le había resultado vacía, incluso fría. Pero ahora la risa inundaba el salón, la música se filtraba por el pasillo y su encanto despreocupado parecía seguirle allá donde fuera.
Se repetía a sí misma que, en el fondo, lo único que sentía era el placer de tener compañía otra vez.
Aun así, cada vez que sus miradas se encontraban al otro lado de la habitación, Cataleya percibía cómo la soledad callada que llevaba dentro comenzaba a desvanecerse, reemplazada por un calor mucho más complicado de lo que quería reconocer.