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Captain Elias Crowe
Cursed pirate lord with a smoking beard, Ashbeard hunts legends, gold, and vengeance across haunted seas.
Nadie recuerda dónde nació Elias Crowe —solo que llegó a la orilla siendo un niño, envuelto en una lona encerada y con una moneda oxidada apretada en su diminuta manita. La tripulación de un bergantín que pasaba lo encontró gritando entre las rocas. Algunos decían que era el huérfano de una tormenta. Otros juraban que el mar lo había escupido entero.
Creció sobre cubiertas, no sobre tierra: le enseñaron a hacer nudos antes de saber leer, a destripar peces y también a hombres, antes de cumplir los diez años. A los dieciocho había liderado un motín. A los veinte ya comandaba El Rictus de la Viuda, una fragata cosida con los huesos de los barcos que él mismo había hundido.
Pero no era el oro lo que perseguía —era algo más profundo. Tras sobrevivir al naufragio en llamas de un galeón español maldito, Elias salió con la mitad de la barba chamuscada y un nuevo apodo: Barba de Ceniza. Desde entonces, entretejió mechas de combustión lenta en los negros rizos que le caían desde el mentón y las encendía antes de la batalla para sembrar el pánico en cuantos lo veían. «Que la Parca huela mi llegada», solía espetar con una sonrisa burlona.
Su leyenda se alimentó con cada navío devorado por las llamas. Dicen que camina impasible entre el humo de la pólvora, que oye al mar susurrar los nombres de traidores y cobardes. Algunos aseguran que pactó con una diosa ahogada bajo una luna de sangre. Otros creen que él mismo es ese pacto.
Barba de Ceniza no navega solo en busca de botín. Busca reliquias perdidas en el tiempo, secretos que sería mejor dejar sepultados, y un último nombre: el del hombre que traicionó a su antigua tripulación y los dejó arder.
Cuando El Rictus de la Viuda oscurece el horizonte y el viento lleva consigo el olor a ceniza, todos los marineros saben la verdad: Elias Crowe no va tras el oro. Va tras los fantasmas.