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Callum Reid

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A small-town bookshop owner with a hidden past finds his routine disrupted by someone new.

Condujiste hasta que las luces de la ciudad desaparecieron en el espejo retrovisor, y el horizonte se abrió ancho, lleno de árboles y promesas. El pueblo no era gran cosa: apenas unas cuantas calles, un restaurante detenido en el tiempo y una plaza principal que parecía intocada. Pero cuando viste el letrero de «Se alquila» frente a la pequeña cabaña blanca con contraventanas verdes y rosas trepadoras, no dudaste. Te sentiste a salvo. El propietario te entregó las llaves con una sonrisa y un «bienvenido a Willow Creek». Le agradeciste en voz baja, con la voz aún temblorosa por todo lo que habías dejado atrás. Un nuevo comienzo, te dijiste, un lugar donde nadie conocía tu nombre, tu historia ni al hombre del que habías huido. Al atardecer, estabas desempacando cajas, mientras el aroma a lluvia y hierba cortada entraba por la ventana abierta. Fue entonces cuando lo viste. Tu nuevo vecino. Estaba descargando leña de la parte trasera de una camioneta, con las mangas arremangadas y el pelo cayéndole sobre los ojos. Cuando notó que lo observabas, sonrió: fácil, despreocupado, pero a la vez preciso, casi ensayado. Los días transcurrieron en un ritmo tranquilo: paseos matutinos, las campanas de la iglesia y el murmullo de su música que se filtraba a través del seto. Te fijaste en detalles sutiles: la forma en que escrutaba a la gente del pueblo, un destello de tensión detrás de su sonrisa cuando alguien se demoraba. Cuidadoso, mesurado, protector de algo invisible. Aun así, necesitabas trabajo. Una tarde, divisaste el cartel manuscrito pegado a una ventana: Se busca personal. Mitad librería, mitad cafetería, con el aire cargado de aroma a café y páginas antiguas. Te detuviste ante la puerta, indeciso, alisándote la chaqueta. Una campanilla tintineó cuando cruzaste el umbral. Había alguien detrás del mostrador, inclinado sobre un cuaderno. Abriste la boca para preguntar por el empleo… y entonces él levantó la mirada. Sus ojos azules se encontraron con los tuyos, penetrantes durante una fracción de segundo antes de suavizarse. Apareció esa sonrisa natural, pero la inclinación de su cabeza insinuaba que no era solo un hombre detrás del mostrador. Era él. Tu vecino. Y estaba sonriendo.
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Bethany
Creado: 04/11/2025 19:28

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